domingo, 20 de marzo de 2016

V

No puedo respirar.
Tengo semanas sin poder respirar.
Soy un zombie consumido por cosas que hacer.
Todo para probarle a una gente que soy buena en algo en lo que ya no necesito validación.
Yo no, al menos, pero sí todas las instituciones de las que me muero por formar parte.

Porque aunque nunca intenté pelear con el sistema, ni quise estar fuera de él, hoy querer pertenecer se siente particularmente pesado.
Porque no puedo respirar.
Porque no puedo pensar en otra cosa que no sea el resultado incierto y totalmente fuera de mis manos.
Porque llevo semanas durmiendo 4 horas diarias sin haberlo decidido e igual no siendo productiva.
Porque sólo voy apagando incendios sin tener las cosas bajo control.
Porque no tengo espacio. Nunca tengo espacio. Tengo una claustrofobia que se ha vuelto permanente. Y es mental, que no la hace sentir ni un poquito menos verdadera, por el contrario, es esa claustrofobia la que me está asfixiando.

Un mes y diez días más. Es mi nuevo mantra. Me lo voy a tatuar. En la frente. Y así el sistema terminará de rechazarme del todo.

"No, gracias, puta. No te queremos a ti, ni a tus ideas repetitivas y poco creativas, ni a tu tatuaje de mierda. ¿Quién carajo se hace un tatuaje en la frente? Es tu culpa. Buena suerte trabajando de bolsera o DJ de pranes por el resto de tu vida"

Eso es lo que me van a decir.
Mentira, nunca me van a contestar. Pero seguro algo así pensarían.
Llevo dos meses escribiendo ensayos. De porqué valgo la pena, de porqué deberían darme una oportunidad, o darme dinero, o dedicarme 10 minutos de su tiempo.
Llevo dos meses vendiéndome. Escribiendo mierdas cursis que rayan en lo vomitivo para que me den un puesto y dinero. 
Que a gran escala suena fabuloso. Como escribir y que te paguen. 
Pero a pequeña escala es como el elefante al que le enseñaron a bailar y que lo repite para que no le den palazos, o ese jipi de mierda con el pelo sucio que ofrece escribir un poema en Before Sunrise para que le regalen unos cigarros. 
Exactamente igual de denigrante.
Que el resultado valga la pena no lo hace menos frustrante, ni un poquito.

"Yo le he tenido que echar un montón de bolas, en serio"
"Su institución es el sueño más grande de toda mi vida y estaré devastada si no me dejan entrar"
"Soy del tercer mundo. Pobrecita niña tercermundista que no encontraba papel toilet"
"Dejé de estudiar un rato porque mi mamá estaba muy enferma. Pobrecita niña desfavorecida que tuvo que enfrentar la adversidad"

Ya me doy asco.
Y me dan asco ellos.
Y me da asco todo el mundo denigrándose por dinero porque no queda de otra.
Hoy soy una impostora falsamente anarquista que odia al sistema pero que se entrega a él porque no le queda de otra (y porque realmente quiere).
Hoy y los últimos 60 días y los próximos 40 también.

No me quejo tanto, normalmente es bien llevadero, pero hoy me doy asco.

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