lunes, 18 de enero de 2016

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Te extraño, Andre.

Te extraño y aún no me voy. Te extraño y aún estamos juntos pero ajá, yo siempre he sido así de anticiparme a las cosas.

Extraño lo que fuimos y lo que no llegamos a hacer. Extraño lo que tal vez nunca seamos, porque el tiempo a veces es así. 
Extraño ser idealista y pensar que sí va a funcionar, que todo va a ser igual más adelante, que nada va a cambiar ni un poco. Porque es lo que más quiero en el mundo, pero no depende de ninguno de los dos.

No sé que decirte que ya no te haya dicho miles de veces. No sé cómo convencerte de que ya no tengo ganas de moverme, de que así ya no querría seguir, de que viviría paralizado en el tiempo sólo porque tú ya no te moverías conmigo.

No sé que decirte porque realmente me importa lo que vayas a pensar cuando lo diga.

No sé qué decirte porque no sé cómo remediarlo, nada de esto, y temo que cualquier cosa que sí decida decir no sea suficiente. Nunca será suficiente.

Contigo nunca hubo mariposas, es verdad, pero sí la plena certeza de que mientras estuviéramos juntos todo iba a estar bien. 
Contigo nada es pesado, nada es difícil, en serio. Contigo cada día es relevante.

Te voy a extrañar toda la vida, te lo juro. Nos voy a extrañar a los dos. Aunque haya otros tipos, aunque decidas ser feliz en otra parte, aunque después decida ignorarlo para vivir en paz. 
A mí la nostalgia me va a durar toda la vida, secreta e ignorada, pero presente siempre.


Eras tú, Andre, sigues siento tú. Pero el tiempo a veces es así.

sábado, 9 de enero de 2016

IV

Porque los días malos no se van definitivamente.
Porque la tormenta nunca pasa del todo.
Porque la calma no sólo es temporal, sino que además es corta.
Porque mi claridad mental a veces se va de paseo en los momentos más inadecuados.
Y porque sin ella me voy a la mierda yo.

Porque las decisiones más importantes son esas que se conocen a la perfección pero que da pánico ejecutar.
Esas que tienen consecuencias.
Esas que no sé asumir.
Porque aún no he terminado de madurar y sigo necesitando aprobación constante.
Sigo necesitando que alguien me diga qué hacer. Que alguien se haga responsable para no tener que hacerlo yo. 
Pero ya esos lujos no existen.

Porque soy una enorme egoísta y sigo pensando en base a lo que yo quiero y no en base a lo que es realmente necesario.
E incluso cuando pienso que me estoy enfocando en lo necesario, siempre hay una voz gritándome que soy una egocéntrica. Que no tengo mis prioridades claras. Que no sé lo que quiero. Que estoy haciendo todo por las razones equivocadas.

Y no hay validación suficiente.
Porque en los días malos nada parece ser suficiente.
Y porque la tormenta nunca pasa del todo.