lunes, 14 de diciembre de 2015

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Contigo nada puede salir mal, Eli.

Y no es que no deba, que tenga que andar con cuidado para que nada falle, no. Es que estoy plenamente convencido de que es imposible que algo salga mal.

Como lo veo yo, hay dos opciones: puedes ser realmente tú, o puede que representes eso para mí ahora –y vaya que necesito que alguien me lo recuerde. Honestamente, cualquiera de las dos está bien, en serio, las dos son igual de bonitas.

¿Ves, Eli? Tú me recuerdas que no he estado imaginando locuras durante todo este tiempo, tú me recuerdas que sí es posible, aunque no sea ahorita, aunque tome mil años, tú me recuerdas que sí se puede, que sí voy a poder.

Aunque al final no termines siendo tú sino alguien más, con otro nombre igual de armonioso, otra cara y otra manera de ver las cosas; siempre te recordaré con la nostalgia de la gente que fue valiosa.

Gracias, Eli. Gracias por ser esa persona. Gracias por no pensar que soy un demente, por seguirme la corriente, por no cuestionarme.

Gracias por refrescarme la vida sin siquiera saberlo o intentarlo, por darme otro respiro cuando siento que ya no puedo más.

Aunque al final no termines siendo tú sino alguien más, en este momento te agradezco como si lo fueras. Así como has estado; ni más, ni menos.

Ojalá que, aunque quizás no sea juntos, ambos consigamos lo que estamos buscando.