martes, 3 de noviembre de 2015

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¿Sabes qué, Emi? No me arrepiento, te lo juro que no. Pero no pretendas que me sienta mal por todo esto. No pretendas que me sienta culpable por mi malestar. Como si tuviera que agregarle a mis pesares el tener que ocultarlos porque no son apropiados.

Yo no te pido que los veas, de hecho, agradecería que los dejaras solos. Sólo me siento bien siendo miserable en plena privacidad y, aunque tú no me vayas a interrumpir jamás, prefiero advertírtelo, por si acaso. Porque este amor es mío, Emi. De más nadie sino mío. Y yo hago con él lo que me de la gana, y tú no tienes que estar de acuerdo. Yo puedo ser infeliz si quiero.

Yo sólo te quería a ti, todo lo demás iba a ser un agregado. Las cosas que hacía para que tú notaras, mi trabajo, mis hobbies, las vainas que me gustan, tú no las ves y solas no son tan interesantes.

Creé toda una vida que pudiera gustarte a ti, para que la vieras y te provocara unirte, pero tú no estás interesada y mi fachada es muy arrecha como para tumbarla ahora.

No me hallo sin ti. No sé qué mierda hacer. Odio ser el tipo desesperado, por el que todos sienten lástima e incluso un poco de asco, el que recuerda a los demás que sus vidas no son tan perfectas como lo piensan.

Hubiéramos sido tan felices, Emi, te lo juro. Eso era todo lo que yo quería, hacerte feliz. Pero ahora estoy dudando que llegue a conseguirte alguna vez. Y si no te consigo ¿qué hago? ¿me consigo una nueva razón de ser? Resignarme a que no vas a venir nunca, a una vida eternamente sin ti es demasiado difícil. No puedo. No estoy listo. Déjame bloquearlo un rato, déjame seguirte imaginando en desconocidas a mi alrededor, déjame pretender que en algún momento sí tuvimos oportunidad de ser felices.

Déjame pretender que mi corazón no está hecho mil pedazos y que aún tengo una razón para salir todos los días. Déjame, Emi, sólo por un rato.










¿Pero sabes qué? No importa. No importa, Emiliana, en serio que no.

Porque inesperadamente he estado volviendo a ser quien soy y me di cuenta de que me extrañaba. Me extrañaba más de lo que te extrañaba a ti. 
Y es como haber vuelto al hogar, haber vuelto a quien soy. 
Y darme cuenta de que quien soy, no te necesita.
Que te puedes devolver por donde viniste porque no me voy a calar otro de tus desplantes. Otro de tus impulsos necios que quieren hacerme sentir mal. Estoy harto de ti y de tu egoísmo y de pretender que todo gire a tu alrededor. 

Ya no lloré más, Emi. Y no creo que llore tampoco.