lunes, 12 de octubre de 2015

III

Tranquilo, yo sé.

Yo sé que tú no sabes de las alarmas a las 4 de la mañana, ni de las siestas en salas de espera. Que no sabes de los lentes empañados ni de las bajadas de tensión por mi poco estómago.

Yo sé que no sabes del helado de yogur, de los paseos a ninguna parte, de los planes a futuro por pura distracción, ni del fin de semana en el que sólo comimos porquerías porque podíamos.

Yo sé que no sabes de la ansiedad y la preocupación permanentes, ni de los ataques de pánico disimulados, ni de los cigarros furtivos en escaleras de emergencia.

Yo sé que tu discurso de que tengo que ser fuerte y de que no es hora de llorar viene de un buen lugar, yo sé que no sabes que lo he escuchado al menos unas 20 veces más de personas diferentes. Yo sé que tú crees que estás ayudando.

Yo sé que crees que regañándome me voy a hacer más fuerte, que voy a entender mi nueva responsabilidad. Yo sé que no sabes que tengo años ya asumida, y que soy mucho más fuerte que tú, aunque te niegues a creerlo.

Pero tranquilo, yo sé que la ignorancia es atrevida.

domingo, 4 de octubre de 2015

33

Yo a ti podría tenerte, Fernanda. Sería fácil, tan fácil. 

Pero me aburre el asunto, me aburre tener que hacer algo yo. Yo quiero que tu resuelvas tú sola, que entiendas y hagas algo al respecto, yo quiero que tú me busques y que te denigres un pelo, pero sólo un pelo, nada muy notorio.

Pero tú no haces nada y yo soy muy orgulloso ¿sabes? Porque estoy convencido de que te estaría haciendo un favor y los favores, mi amor, hay que pedirlos y saber agradecerlos.

El problema ahora es que como tú no haces nada y yo tampoco, no quiero que te vayas a hacer ideas de que hago cosas para llamar tu atención. Porque yo el ridículo lo hago todo el tiempo, Fernanda, eso no tiene nada que ver contigo.

Mira, Fernandita, yo sé que tú quieres presentarme a tus amigas y exhibirme un rato en público; no me encanta la idea, pero yo soy un tipo colaborador. Amigos, nada de familia ni portaretratos con fotos de los dos para poner en mi casa.

Y unos dos meses, máximo. No más de eso. No seamos avaros.

Tú seguro te mereces a alguien mejor, Fernanda, y estoy seguro de que tú también lo sabes. Pero ni modo, sólo me tienes a mí.

Así que colabora, pana, que no tengo todo el día.