lunes, 31 de agosto de 2015

II

Hay cosas que nadie me dijo. 

Nadie me dijo que me haría más curiosa, más metiche, que consumiría más información irrelevante.
Nadie me dijo que me haría fan número uno de las conversaciones banales y que, aún así, todo me importaría menos. Nadie me dijo lo mucho que apreciaría a la gente que lo entiende.

Que las fechas importantes cambiarían. Que giraría entorno a un calendario diferente.

Siempre imaginé que habría un momento clave que sería mi fondo. Donde estaría tan mal que, no importa qué sucediera, no podría estar peor, y que después de ese momento me sentiría mejor. Lo imaginé un montón de veces, lo tenía asumido.

Nadie me dijo que ese fondo es de mentira. 

Que los días malos, los buenos, y los raros se mezclan, inadvertidos. 
Que cuando te confías y dejas de estar alerta, cuando estás desprevenido, ahí es cuando los días malos de verdad te joden.

Que, aunque tenga toda la información a mano, siempre habrá algo que cause incertidumbre.
Nadie me dijo que controlar la mayor cantidad de variables posibles no da certeza.
Nadie me dijo que la certeza no llega nunca.

Que eso de disfrutar más los momentos simples, de las pequeñas cosas, nadie me dijo que eso no llegaba solo. Que requiere un esfuerzo real.

Que no siempre se llora cuando se está triste.
Y que aunque se esté tranquilo, igual se vale llorar. 
Que tengo permiso universal de llorar las veces que me de la gana. 
Y que si no quiero llorar, no lloro.

lunes, 10 de agosto de 2015

32

No he logrado decidir qué es lo que más extraño del mar.

Creo que es el olor. Que huele a ti, como a playa, pero como a tanta gente más. El olor impersonal que remueve emociones como si le perteneciera a alguien, pero no.

Te extraño a ti con tu olor a mar, con tu atardecer en la mirada, con la calidez en los pies. Te extraño a ti y al mar y a todas las tardes que habían sido pero que ya no están siendo.

Te siento cerca, ahí mismito. Pero no estás. Eres como un recuerdo que he memorizado tan bien que no logro precisar hace cuánto tiempo sucedió en realidad, pero fue hace un montón y no quiero darme cuenta.

Quiero que sucedas todos los días, frente a mí. Con tu arena, con tu sol y con tu mar.
Quiero que mi ventana tenga vista hacia ti, para levantarme así, tempranito, todos los días. Mentira, tempranito tampoco, pero eso no importaría.
Quiero que no te vayas más nunca. Que no te vuelvas recuerdo otra vez. Que no me vuelva recuerdo yo contigo.

Siento que estoy pensando sólo en las cosas buenas que nos pasaron y que cuando nos reencontremos me daré cuenta de que en verdad la arena irrita, y que el agua salada sabe feo y jode el pelo, y que tanto sol solo produce males mayores, pero no me importa eso tampoco. 

Si no se recuerdan las cosas malas pues mejor tampoco invocarlas.

Quiero que estés en todas partes, que pasees conmigo y que compartamos nuestra felicidad con el mundo, porque no sabemos qué hacer con tanto, porque es necesario, porque parece ser infinito y me niego a verlo de otra manera.

No te acabes nunca, anda.
Apúrate, que llevo mucho rato solo, esperándote.