viernes, 26 de junio de 2015

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¿Ves, Emi? ¿Cómo te sigo buscando?

¿Cómo ignoro todo lo que sé? Mi capacidad de raciocinio, la mando al carajo y te busco igual. Me niego a creer que eres tú otra vez. Que sigues en el mismo plan burlón de siempre.

Te empeñas en desconcentrarme, Emiliana. Yo tengo cosas que hacer, cosas importantes. Tengo una vida que seguir, unas vainas que lograr, yo voy a ser un tipo bien exitoso. Pero tú estás ahí, en mi camino, distrayéndome otra vez.

Si no me vas a acompañar entonces quítate del medio, pana, porque esto así, así como está ahorita, no progresa.

No puedo. Y tú tampoco. No puedes andar en este plan.

Vete a hacer ese montón de cosas que la gente de mentira hace, lejos de mí ‐que no puedes realmente hacer pero que yo te puedo imaginar haciendo y aunque pierda el propósito de la actividad, nadie va a decir que no se hizo el intento.

Anda, dale. No va a funcionar, ya lo sabemos, pero por si acaso.

Me estás hundiendo, Emiliana.

Mírame. Te estás hundiendo tú y me estás llevando contigo. Y yo no me quiero hundir. 

Yo voy a ser un tipo de bien, yo tengo unas vainas importantes que lograr. Ya vas a ver.

domingo, 21 de junio de 2015

Ron con pasas para él, parchita para mí.

Mi papá es la persona más amable que conozco; y no es una competencia reñida, mi papá es el más amable por mucho, jamás nadie ha estado ni cerca de lo amable que es mi papá. También es el más paciente, creo que son cosas que van de la mano.

¿De las veces que me he tomado 10 o 15 minutos en salir de la casa porque no estaba lista? Ni siquiera lo menciona, sigue con su vida como si yo fuera un ser puntual y nada hubiera pasado. Acompaña mi indecisión sin la más ligera crítica. En ocasiones hemos cambiado de lugar para comer más de cuatro veces seguidas porque yo no estaba segura y él ha sonreído todo el camino. Me gustaría decir que fue un hecho aislado pero no, yo nunca sé qué comer, y él nunca se queja.

Mi papá no respeta el desayuno y puede comer lo que sea a las ocho de la mañana. Cuando estamos juntos eso no se hace porque el desayuno es sagrado y se come comida de desayuno, no pasticho con puré y ensalada. Él no entiende pero sonríe.

Mi papá habla pausado siempre y jamás levanta la voz. No importa qué esté pasando a su alrededor, nope, no sucede, nunca. En toda mi vida no recuerdo una sola vez en la que me haya gritado, que no quiere decir que no me haya regañado épicamente, pero no gritó. Una vez se molestó conmigo porque intenté, en su carro, tocarle corneta a una persona que nos hizo perder un semáforo por estar en el teléfono; pasamos cinco minutos fáciles ahí pero él ni se inmutó y mis intentos fueron frustrados.

Mi papá come salmón cada vez que puede y siempre que vamos a un restaurante venezolano pide una arepa con carne mechada para luego decir que no son como las de su tía. Nunca son como las de su tía. Nunca. Pero él no deja de intentar.

Mi papá hace chistes de papá y se ríe de ellos. Mi papá es republicano y ligeramente racista (pero súper a favor de los derechos LGBT). Varias veces discutimos por eso (yo genuinamente molesta, él sonriendo) pero después de cierta edad creo que la gente no cambia de parecer; todo el mundo tiene sus vainas, estoy intentando aceptar eso. Mi papá es un señor abuelo y, en verdad, nunca se mete con nadie.

Mi papá probablemente nunca lea esto, pero me pareció importante escribirlo.

Mi papá no es el mejor papá del mundo, pero lo está intentando y lo agradezco. Éste es el primer día del padre en el que genuinamente me gustaría estar compartiendo con él; cuando hablemos por teléfono seguro me va a preguntar si le mandé torta por DHL. 

"No, pa, pero cuando regrese podemos ir por helado".

Ron con pasas para él, parchita para mí.

domingo, 7 de junio de 2015

I

Resulta que las 5 etapas que suceden para llegar a aceptar una enfermedad (aunque no sea propia) son bastante similares a las 5 etapas del duelo.

Yo tenía 3 meses en negación. En negación que se sentía como aceptación pero que no lo era, era más negación aún.

Tengo esa sensación encima, esa que me dice que el 2015 va a ser el año más difícil de toda mi vida. Que puede ser o una premonición de mi yo visionario o una manera de convencerme de que las cosas no se pueden ir más a la mierda (que, hasta ahora, ha probado ser falso). No importa cuál de las dos sea, la sensación no se va. Y a este año todavía le quedan 7 meses.

La siguiente etapa es ira. La ira reventó (accidentalmente) la pantalla de mi computador hace un rato; podemos culpar a mercurio retrógrado que odia a los electrónicos y va a estar jodiendo una semana más pero, ajá, ya la negación pasó y las cosas hay que decirlas como son. Hay que recordar que siempre es posible estar un poquito más jodidos.

Me siento con el permiso moral de ser peor que antes, a portarme peor con la gente. Me gustaría decir que voy a intentar cambiar y detenerme, pero es mentira, no tengo ninguna intención de dejar de hacerlo y no voy a disculparme tampoco. Culpen a la ira. Y a la enfermedad de mierda. Creo que es necesario que quede claro que cuando se pasan por vainas así, el universo te da permiso de ser un poquito peor persona y yo mi permiso lo voy a usar completico. Culpen a la ira.

Si la etapa anterior me tomó 3 meses, acá me queda un tiempo. Las siguientes son igual de horrendas, así que no hay apuro.

El universo también te da permiso de ser más frontal; después de tantos golpes, algún beneficio tenía que haber. Te da permiso de ventilar tu vida en internet. Te da permiso de llorarle a desconocidos. Te da permiso de que lo anterior te sepa a mierda. 

Una de las recomendaciones para superar la ira es escribir un diario. Heme aquí. Intentando. Que conste que lo estoy intentando. Pero, mientras no funcione, culpen a la ira. Y a la enfermedad de mierda, siempre a la enfermedad de mierda.