martes, 25 de noviembre de 2014

23

Pensé que iba a tener un montón de cosas que decirte hoy, pero mira, no, no sucedió. En verdad aún lo estoy asimilando, porque siempre pensé que íbamos a ser tú y yo en esta ciudad horrenda, aunque la gente se fuera, aunque todo el mundo se rindiera, porque no había otra opción, porque nos la dábamos de valientes o porque no teníamos realmente el valor de buscar otra cosa, pero tú sí, tú lo buscaste. Y ahora me quedo yo acá.

Te subestimé, es verdad, un montón de veces. Lo siento. Me pateaste el culo con tu determinación y todavía lo estoy asimilando, eso es completamente mi culpa; aunque hubieras podido avisarme... aunque no hubiera hecho la diferencia, probablemente diste miles de señales y yo no me fijé. Nunca me fijo. Eso es completamente mi culpa.

Ni se te ocurra darte la vuelta. Dudo que mi opinión valga de algo en este momento pero, en serio, no lo hagas. Aunque yo te odie, aunque te siga subestimando y no te desee cosas buenas aunque intente aparentarlo. Aunque me dure dos semanas el dolor de cabeza. Aunque no se me quite nunca.

No voy a extrañarte, pensé que sí pero no. Bueno, no pensé porque no pensé en esto, pero ajá, nunca lo imaginé, este escenario.

Vete y no vuelvas. Aunque te entren un montón de ganas, no lo hagas.

Nunca entendí nuestra relación disfuncional, lo bueno es que ahora tampoco tengo que averiguarlo.

Chao, chami.

martes, 4 de noviembre de 2014

22

No entiendo nada. Llevo como un mes en automático, en un trance permanente, en letargo, sin prestar demasiada atención a nada; creo que lo peor es que me estoy acostumbrando, es cómodo, es más fácil.

No puedo dormir. Tengo demasiadas cosas pendientes y muy poco tiempo, no me puedo quitar de encima la sensación de que voy a dejar mil vainas importantes sin hacer y luego se van a quedar así por un buen rato.

No me gusta que me quede tan poco tiempo. No me gusta lo apresurado de todo; pero ajá, las oportunidades tienen fecha de expiración y la mía se vence rápido.

En dos maletas no me caben los libros, ni mi lámpara, ni mi psiquiatra, ni la universidad, ni mis amigos, ni la panadería en la que llevo quince años comprando pan, ni mi nana. En las maletas no cabe mi mamá.

No puedo dormir. Tengo que ir al odontólogo porque después es una cantidad absurda de plata, tengo que mandar a arreglar mis lentes, tengo que despedirme de mis abuelas, tengo que salir del trance, tengo que armarme de valor (y una te me es una jeva bien cobarde). 

Tengo burda de miedo.

En dos maletas no me caben los libros.