domingo, 12 de octubre de 2014

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Tenía un montón de tiempo sin escribirte, no recuerdo cuánto en verdad pero sí sé que es un montón; porque me lo había prometido a mí misma y porque no tenía nada más que decirte, pero sobre todo porque me lo había prometido a mí misma, pero esto es diferente.

Hoy después de dos semanas caí en cuenta de la fecha, lo asumí. Octubre inevitablemente me hace recordarte, odio que nuestros cumpleaños sean tan cercanos, y te odio porque Octubre fue mío primero; bueno, técnicamente fue tuyo primero pero yo no te conocía entonces era mío. Caí en cuenta dos semanas tarde porque Octubre volvió a ser mío, después de casi tres años soy dueña de Octubre de nuevo, me pertenece.

Y es raro, porque muchas veces me convencí de que no iba a poder volver a manejar tranquila por Los Próceres, volver a tomarme un Nestea frappé en paz y a respirar con normalidad (mentira, yo nunca he respirado con normalidad, eso no es contigo). Y aunque hace tiempo ya que estoy bien, hoy finalmente terminé de entender todo.

A veces el panorama general tarda años en aparecer y hoy apareció para mí. Tú fuiste mi absurda necesidad de querer controlarlo todo, el escenario perfecto para asegurarme de nunca poder salir lastimada y es que tú nunca me hiciste daño, ni siquiera tuviste la oportunidad, eso me lo hice yo sola. Y te eché la culpa a ti de todo un asunto que nunca entendiste, y lo siento. 

A tres años del león, de la oveja y del espíritu libre, a tres años del whiskey, del trípode y de Woody, a tres años de las huidas, los manifiestos sin sentido y los cortes extremos de pelo, lo entendí.

Se me están olvidando cosas, finalmente. Ya no soy Florentino.

Qué bolas que hayan pasado tres años.

Feliz cumpleaños, Andrés.