lunes, 18 de agosto de 2014

18

No estoy lista para dejar mis libros. Me faltan tantos por empezar. Abandoné un montón a la mitad, mentira, no los abandoné, nos dimos un tiempo y tengo intención de volver a ellos, a que volvamos, no estoy lista para dejarlos. 

A veces, cuando te escribo así, cuando veo arena, me siento en medio de un monólogo de Jim Carrey en Eternal Sunshine, y Charlie es increíble así que no me molesta. Quise ser Clementine por mucho tiempo, con el pelo azul, con la librería, con el dibujo nada parecido, con el cepillo de dientes olvidado. Me sentía tan cerca.

Creo que nunca te lo dije. Nunca se lo dije a nadie. Es como esas conversaciones que tengo guardadas para alguien en particular que no existe y que probablemente no van a suceder, que no murieron porque no nacieron nunca, como si hubieran tenido intenciones de vivir pero luego se arrepintieron. Eso no se puede, yo sé.

A veces me siento un montón como Holden. Pero nunca me terminé ese libro tampoco así que no sé qué le pasa al final. No lo he querido buscar tampoco, algún día lo descubriré, cuando me anime a seguirlo leyendo. Por ahora me siento como Holden, aunque sin la adolescencia, ni el dinero, ni NY pero sí la soledad.

A veces recuerdo momentos específicos de mi vida, decisiones cruciales, y me pregunto qué hubiera pasado si hubiera hecho las cosas de forma diferente. Como en un universo paralelo, como si no me hubiera mudado, como si no hubieras dejado de llamar, como si no te hubiera olvidado, como si aún supiera qué es de ti, en qué trabajas o si decidiste casarte con una jeva que te recordara un poco a lo que planeamos para los dos. No importa, yo también lo planeé muchas veces después, las malas costumbres no mueren fácil.

No quiero dejar mis libros, no otra vez. Y sé que si tuviera que elegir alguno, el que me regalaste se quedaría. Honestamente no sé dónde está. Lo siento, me daba una nostalgia bárbara.

A veces me pregunto si vamos a coincidir algún día, si me reconocerás, si decidiré evadirte, si me invitarás un café y prometeremos hacerlo más seguido para nunca realmente suceder. Siempre es así, ¿no? Es el eufemismo conocido universalmente como un rechazo cordial.

No entiendo nada. Sé que es una ilusión de decisión pero le sigo la corriente, me gusta sentirme libre y en control de mi situación, de mi futuro, pero es mentira.

A veces abro los ojos pero se me pasa rápido. 

Estoy muy cansada ya, es hora de dejar de pelear contra la corriente. Creo que si nos encontráramos, te ignoraría; no eres tú, soy yo, soy muy de evadir situaciones.

Si decides venir, porfa, no me avises.