lunes, 28 de abril de 2014

13

La había visto por años, teníamos clases juntos. Bueno, no juntos pero cerca, en los mismos pasillos, rodeados por la misma gente y en salones que se ven exactamente igual, siempre cerca, siempre sin hablar. 

Por cuatro años no compartimos clases, ni amigos ni nada, conocidos es imposible no compartir pero ellos no cuentan, esa gente etérea que entra y sale sin ser extrañada; creo que una vez me vio viéndola pero más nada. Siempre la veía. Con su ropita de moda que a mí me sabía tan a mierda pero que a ella parecía importarle tanto y que le quedaba tan bien.

Cuatro años vi sus vestiditos de flores y sus chaqueticas de jean, vi sus trenzas, sus zapatos de colores y sus anillos estrambóticos; vi cómo se movía con destreza, como si el viento la llevara, como si no se esforzara en nada de lo que hacía. La vi leer y la imaginé culta, la vi estudiar y la imaginé sabia, la vi reír y la imaginé sociable, siempre cerca, siempre sin hablar. Estaba seguro de que era la mujer para mí. 

Me juré estar enamorado, nos vi empatándonos, casándonos y comprando una casa; aunque yo era un pelabolas y la economía una mierda, la fantasía siempre me ganaba. Tendríamos hijos, todos los que ella quisiera, encantadores mocosos que la hicieran aún más feliz.

Cuatro años y nunca la escuché hablar.

Ojalá esa jeva se hubiera quedado callada, ojalá no hubiera venido a hablar becerradas tan cerca de mí, a destruirme mi amor pulcro y puro. 

Fui Fermina. 

Y diría que ella fue Florentino, pero es mentira, no, yo fui Fermina y Florentino al mismo tiempo. Me mandaron el amor a la mierda sin si quiera intentarlo. 

Pobrecilla, no tiene ni idea de cómo se cayó del pedestal, o de cómo la empujé. No tiene idea del amor que le tenía, ni de mi corazón roto, ni de su personalidad de mierda. No tiene idea de nada, y si se enterara, estoy seguro de que tampoco le afectaría.

Luego veré cuando se encuentre a algún pendejo que la quiera así, vacía pero bonita. Seguro en ese momento la extrañaré de nuevo.

sábado, 19 de abril de 2014

Para Gabo

Tenía doce años cuando lo conocí, Memoria de mis putas tristes estaba en la mesita de noche de mi mamá y lo leí escondida, era esa edad en la que me sentía rebelde sólo por leer un libro que incluyera "puta" en su título; creo que no lo entendí del todo pero lo recuerdo con mucha claridad, hay una mini película en mi cabeza que tardaré mucho más en olvidar.

No volví a él hasta los diecisiete, acababa de graduarme del colegio y encontré un ejemplar viejísimo de Cien años de soledad en un clóset de mi casa, de esos libros con páginas amarillentas, letra a tamaño mínimo y nada de margen en las páginas, en su momento le dediqué un pequeño post, no sería la última vez que el Gabo lograra voltearme el cerebro. Luego vendrían los cuentos, Santiago Nasar y Florentino, siempre Florentino.

Tengo mucho que agradecerle, muchas veces siento que fue quien me entendió cuando ni yo misma me entendía, quien me acompañó fielmente durante mi depresión, quien me dio a Florentino como hombro fiel para llorar. Ojalá tuviera una mínima forma de retribuir todo eso que hizo por mí.

Eso es lo increíble de los grandes escritores, poder tocar de maneras inimaginables corazones de personas que jamás conocerán; cambiar sus vidas y su forma de ver el mundo. Si pudiera pedir un deseo justo en este momento, sería poder llegar a ser una milésima de todo lo que él fue.

El Gabo siempre va a ser una parte enorme de mi vida y será difícil (jo-di-dí-si-mo) no llorar cada vez que lo relea y lo recuerde, pero estoy segura de que la gente así de fina tiene aseguradísimo un lugar cómodo en el cielo.

Gracias por tanto, descansa.