lunes, 27 de enero de 2014

Pasillo

En el pasillo siempre es de día. Está iluminado como si se hubiera quedado estancada una mañana de agosto a eso de las once y el tiempo no hubiera seguido avanzando desde entonces; aunque llueva, aunque esté nublado o sea de noche, no importa, siempre es de día.

La palabra “ingeniería” en el nombre le sobra, ese pasillo no es de ingeniería. Está al lado, sí, pero no tiene nada que ver con ella, la realidad es que es la ruta de humanidades a arquitectura, y ya; la facultad de ingeniería no tiene ni un poquito de importancia en esta historia, sólo está al lado, observando sin participar. De humanidades a arquitectura y luego de regreso, una y otra vez hasta que las piernas se cansen.

Es pequeño y eterno, todo al mismo tiempo. Lleno de libros, útiles de cartuchera y películas intensas a los lados; es como ir en carro y ver al Ávila por la ventana: aunque no me baje y la camine puedo ser feliz admirándola por la ventana. Libros que no voy a leer, útiles que no voy a usar y películas que no voy a ver pero que me imagino radiante comprando para llenar espacios vacíos.

El pasillo es la esperanza lejana de un encuentro y el consuelo de mi ingenuidad. Quiero dejar de pasearme por ahí, pero lo sigo haciendo.

Mentira, ya no.