miércoles, 24 de diciembre de 2014

24

¿Tú estás viendo? Ese es el problema acá. Tú querías a una jeva intensita, de esas que no soporta al mundo la mayor parte del tiempo, que se pone ropa bonita y no sonríe nunca; la querías para sacarla a pasear, para presumirla, para decirle a todo el mundo que te la estabas cogiendo. Lo que no se te ocurrió es que las jevitas así vienen con equipaje, con un montón de equipaje, tú querías los beneficios pero no las desventajas. Tú querías tener la torta y comértela también.

Como Jessa enamorándose de un pendejo que necesitaba vivir un pelo, que quería ver algo de mundo antes de casarse con una jeva average, tener 3 hijos con nombres pretenciosos que irían a una escuela privada a pesar de vivir en un país con educación pública decente, y vivir en un suburbio con un parque para perros.

Como cuando Gillian Flynn habló tan perfectamente de "The Cool Girl".

O cuando Nathan Rabin finalmente dio con el término adecuado y logramos describir con propiedad a la "Manic Pixie Dream Girl".

Eso era lo que tú querías. Una jeva que te sacara de tus estándares por un ratico, que te hiciera crecer como persona porque estabas en ese momento vital de tu vida en el que necesitabas experimentar. Güevón.

Lánzate a Bali tú solo, haz ayahuasca, únete a una secta hippie. Haz lo que sea que tengas que hacer pero no me metas a mí en tu desastre. A mí ni a ninguna otra jeva, porfa.

No puedo ni arreglar mi vida y tú pretendías que te solucionara la tuya.

Ya no estás en el segundo piso. Crece, eso es lo que tienes que hacer.

martes, 25 de noviembre de 2014

23

Pensé que iba a tener un montón de cosas que decirte hoy, pero mira, no, no sucedió. En verdad aún lo estoy asimilando, porque siempre pensé que íbamos a ser tú y yo en esta ciudad horrenda, aunque la gente se fuera, aunque todo el mundo se rindiera, porque no había otra opción, porque nos la dábamos de valientes o porque no teníamos realmente el valor de buscar otra cosa, pero tú sí, tú lo buscaste. Y ahora me quedo yo acá.

Te subestimé, es verdad, un montón de veces. Lo siento. Me pateaste el culo con tu determinación y todavía lo estoy asimilando, eso es completamente mi culpa; aunque hubieras podido avisarme... aunque no hubiera hecho la diferencia, probablemente diste miles de señales y yo no me fijé. Nunca me fijo. Eso es completamente mi culpa.

Ni se te ocurra darte la vuelta. Dudo que mi opinión valga de algo en este momento pero, en serio, no lo hagas. Aunque yo te odie, aunque te siga subestimando y no te desee cosas buenas aunque intente aparentarlo. Aunque me dure dos semanas el dolor de cabeza. Aunque no se me quite nunca.

No voy a extrañarte, pensé que sí pero no. Bueno, no pensé porque no pensé en esto, pero ajá, nunca lo imaginé, este escenario.

Vete y no vuelvas. Aunque te entren un montón de ganas, no lo hagas.

Nunca entendí nuestra relación disfuncional, lo bueno es que ahora tampoco tengo que averiguarlo.

Chao, chami.

martes, 4 de noviembre de 2014

22

No entiendo nada. Llevo como un mes en automático, en un trance permanente, en letargo, sin prestar demasiada atención a nada; creo que lo peor es que me estoy acostumbrando, es cómodo, es más fácil.

No puedo dormir. Tengo demasiadas cosas pendientes y muy poco tiempo, no me puedo quitar de encima la sensación de que voy a dejar mil vainas importantes sin hacer y luego se van a quedar así por un buen rato.

No me gusta que me quede tan poco tiempo. No me gusta lo apresurado de todo; pero ajá, las oportunidades tienen fecha de expiración y la mía se vence rápido.

En dos maletas no me caben los libros, ni mi lámpara, ni mi psiquiatra, ni la universidad, ni mis amigos, ni la panadería en la que llevo quince años comprando pan, ni mi nana. En las maletas no cabe mi mamá.

No puedo dormir. Tengo que ir al odontólogo porque después es una cantidad absurda de plata, tengo que mandar a arreglar mis lentes, tengo que despedirme de mis abuelas, tengo que salir del trance, tengo que armarme de valor (y una te me es una jeva bien cobarde). 

Tengo burda de miedo.

En dos maletas no me caben los libros.

domingo, 12 de octubre de 2014

3

Tenía un montón de tiempo sin escribirte, no recuerdo cuánto en verdad pero sí sé que es un montón; porque me lo había prometido a mí misma y porque no tenía nada más que decirte, pero sobre todo porque me lo había prometido a mí misma, pero esto es diferente.

Hoy después de dos semanas caí en cuenta de la fecha, lo asumí. Octubre inevitablemente me hace recordarte, odio que nuestros cumpleaños sean tan cercanos, y te odio porque Octubre fue mío primero; bueno, técnicamente fue tuyo primero pero yo no te conocía entonces era mío. Caí en cuenta dos semanas tarde porque Octubre volvió a ser mío, después de casi tres años soy dueña de Octubre de nuevo, me pertenece.

Y es raro, porque muchas veces me convencí de que no iba a poder volver a manejar tranquila por Los Próceres, volver a tomarme un Nestea frappé en paz y a respirar con normalidad (mentira, yo nunca he respirado con normalidad, eso no es contigo). Y aunque hace tiempo ya que estoy bien, hoy finalmente terminé de entender todo.

A veces el panorama general tarda años en aparecer y hoy apareció para mí. Tú fuiste mi absurda necesidad de querer controlarlo todo, el escenario perfecto para asegurarme de nunca poder salir lastimada y es que tú nunca me hiciste daño, ni siquiera tuviste la oportunidad, eso me lo hice yo sola. Y te eché la culpa a ti de todo un asunto que nunca entendiste, y lo siento. 

A tres años del león, de la oveja y del espíritu libre, a tres años del whiskey, del trípode y de Woody, a tres años de las huidas, los manifiestos sin sentido y los cortes extremos de pelo, lo entendí.

Se me están olvidando cosas, finalmente. Ya no soy Florentino.

Qué bolas que hayan pasado tres años.

Feliz cumpleaños, Andrés.

lunes, 22 de septiembre de 2014

20

Sabes que a lo mejor y sí fue mi culpa, Julia. No todo, claro, una parte; pero sí, capaz esa parte sí fue mi culpa de verdad. Es que yo te imaginaba mía, ¿sabes? Bueno, no te imaginaba, lo tomaba como certeza, tú eras mía y de nadie más porque no iba a compartirte; tú eras mía y yo era tuyo. Pero es que eso nunca fue así, ¿ves? Eso nada más lo sabía yo.

Cuando me llamabas, cuando hablábamos acerca de nada yo sonreía para mis adentros y decía "ella es mía y yo soy de ella y ella lo sabe", pero no, tú no sabías, ni querías saber tampoco. Tú no querías tenerme, tú no querías ser de nadie y ya yo estaba demasiado asumido, demasiado entregado. Eso sí fue mi culpa, Julia, no te lo voy a negar.

Es un problema mío. Siempre lo hago. Hasta con la puta de Clara, aunque esa me duró poquitico. Y sé que es un problema, en serio, pero no me arrepiento, más bien lo extraño un montón.

Soy un tipo solitario que odia la soledad pero ya se acostumbró, ¿tú ves? Y tú me la quitaste un ratico y ahora no la quiero más.

No quiero que vuelvas tampoco, de verdad Julia, no vuelvas nunca. A ver si se me olvida que exististe, que te llamé mía aunque no lo supieras ni estuvieras de acuerdo, que no me quisiste un coño, que me botaste el culo, se me olvida todo eso y acepto de nuevo mi estatus de abandono, el que nunca debí haber dejado.

El conformismo también resuelve, Julia. Y si no, mírame cómo sigo acá.

jueves, 11 de septiembre de 2014

19

¿Abriste los ojos, Clarita? ¿ves? ahora ya es muy tarde para mí. O qué ¿pensaste que te iba a estar esperando toda la vida? 

Yo te ofrecí helado y un sushi de vez en cuando, porque todo está carísimo y de clase media me queda sólo un pelo de clase.

Yo te ofrecí portarme bien, presentarte a mis amigos y sacarte a pasear los fines de semana.

Pero no, tú querías tu idealización estúpida y ya te diste cuenta de que te fuiste al carajo. Pues es muy tarde, no me gusta ser la segunda (ni última) opción de nadie. Eres bonita, Clara, pero no tanto.

Si algún día te dicen que corre el rumor de que tienes VPH, te lo juro, no fui yo. Jamás diría algo así, dije sífilis que es curable, porque soy un patán, pero aún me queda algo de decencia.

Cuídate mucho, mi amor. Y ve al médico para que te traten eso antes de que se ponga feo.

lunes, 18 de agosto de 2014

18

No estoy lista para dejar mis libros. Me faltan tantos por empezar. Abandoné un montón a la mitad, mentira, no los abandoné, nos dimos un tiempo y tengo intención de volver a ellos, a que volvamos, no estoy lista para dejarlos. 

A veces, cuando te escribo así, cuando veo arena, me siento en medio de un monólogo de Jim Carrey en Eternal Sunshine, y Charlie es increíble así que no me molesta. Quise ser Clementine por mucho tiempo, con el pelo azul, con la librería, con el dibujo nada parecido, con el cepillo de dientes olvidado. Me sentía tan cerca.

Creo que nunca te lo dije. Nunca se lo dije a nadie. Es como esas conversaciones que tengo guardadas para alguien en particular que no existe y que probablemente no van a suceder, que no murieron porque no nacieron nunca, como si hubieran tenido intenciones de vivir pero luego se arrepintieron. Eso no se puede, yo sé.

A veces me siento un montón como Holden. Pero nunca me terminé ese libro tampoco así que no sé qué le pasa al final. No lo he querido buscar tampoco, algún día lo descubriré, cuando me anime a seguirlo leyendo. Por ahora me siento como Holden, aunque sin la adolescencia, ni el dinero, ni NY pero sí la soledad.

A veces recuerdo momentos específicos de mi vida, decisiones cruciales, y me pregunto qué hubiera pasado si hubiera hecho las cosas de forma diferente. Como en un universo paralelo, como si no me hubiera mudado, como si no hubieras dejado de llamar, como si no te hubiera olvidado, como si aún supiera qué es de ti, en qué trabajas o si decidiste casarte con una jeva que te recordara un poco a lo que planeamos para los dos. No importa, yo también lo planeé muchas veces después, las malas costumbres no mueren fácil.

No quiero dejar mis libros, no otra vez. Y sé que si tuviera que elegir alguno, el que me regalaste se quedaría. Honestamente no sé dónde está. Lo siento, me daba una nostalgia bárbara.

A veces me pregunto si vamos a coincidir algún día, si me reconocerás, si decidiré evadirte, si me invitarás un café y prometeremos hacerlo más seguido para nunca realmente suceder. Siempre es así, ¿no? Es el eufemismo conocido universalmente como un rechazo cordial.

No entiendo nada. Sé que es una ilusión de decisión pero le sigo la corriente, me gusta sentirme libre y en control de mi situación, de mi futuro, pero es mentira.

A veces abro los ojos pero se me pasa rápido. 

Estoy muy cansada ya, es hora de dejar de pelear contra la corriente. Creo que si nos encontráramos, te ignoraría; no eres tú, soy yo, soy muy de evadir situaciones.

Si decides venir, porfa, no me avises.

martes, 29 de julio de 2014

Ésta no es una carta de amor

Caracas me está asfixiando.

Mi espacio personal ya no existe.

La poca calma que me quedaba se la llevó la Guardia, se la llevó el Policía Nacional que me paso por al lado con su bazuca en una cola. No sé qué coño es una bazuca.

Todos los días imagino situaciones hipotéticas en las que me apuntan, me atracan y me secuestran y yo les juro a los tipos que soy una pelabolas, que en serio no tengo nada. Siempre fui pesimista pero he llegado a niveles extremos.

Odio que esto sea un lugar común.
Odio que me estoy volteando los ojos a mí misma por dramática.
Odio sentir que me están siguiendo todo el tiempo.
Odio que haya situaciones muchísimo más graves, porque nadie debería vivir así.
Odio que mi relación con Caracas cada vez se sienta más abusiva y me la siga calando porque creo (sé) que en algún momento va a cambiar. Como la jeva que se queda con el tipo que le pega porque él en el fondo es bueno.

Caracas me da asma (y esa nunca es una buena señal).

sábado, 26 de julio de 2014

17

Clara no quiere a nadie en particular, Clara quiere enamorarse. Clara quiere estar perdidamente enamorada, de ese amor doloroso y hermoso, patético y desesperado. Eso es lo que Clara quiere.

¿Por qué no conmigo, Clara? Yo te puedo querer, te puedo querer bien. No te va a doler, va a ser bonito, tal vez un poco desesperado pero nada patético.

Pero Clara no se conforma, eso no es suficiente.

La llevé a comer helados una vez, después de eso no me ha vuelto a contestar el teléfono. 

Enumeraba mis defectos mentalmente mientras hablábamos, hacía una lista de por qué no funcionaría. Pero dame un chance, Clarita, mira que tú también tienes defectos y no les paro. Además, yo no los dejo salir todos de una, uno por uno, para que te acostumbres de a poco.

Los príncipes azules no existen, Clara, son de mentira; en cambio yo sí y estoy aquí mismito. 

Aterriza, mami, o te vas a quedar sola. Mira que la cara bonita no dura para siempre y no vas a conseguir a alguien mucho mejor que yo; en serio, te lo digo por tu bien, para que estés clara, Clara.

Avisa para cuándo, que yo te invito otro heladito a ver si terminas de cambiar de opinión.

jueves, 10 de julio de 2014

16

Yo no te llamé, Julia. Yo no te busqué. Al principio no entendía, debo admitirlo. 
Tú apareciste de la nada y decidiste instalarte; te hiciste sentir como en casa, bienvenida.
Pero ahora decidiste desaparecer, también de la nada y no sé qué hacer, no sé cómo seguir con una vida en la que no te había contado pero de la que ya eras parte.
Y es bien egoísta, te comento, sólo llegas y haces lo que quieres para luego irte, para dejarme hecho un asco. Yo estaba tranquilo, Julia. Yo estaba bien. Y ahora no sé qué hacer, ahora no sé cómo seguir, porque aunque no te había contado me había gustado tenerte acá y ahora ya no estás.
Qué bolas tienes tú, Julia. Luego no me culpes a mí. Yo estaba bien.

You chase me like I'm the fucking Beatles and then I finally get comfortable and you shrug? What the fuck is wrong with you?

Ahora soy esto, este tipo que ni siquiera puede redactar con decencia.
Qué mierda, Julia. Qué mierda.

jueves, 19 de junio de 2014

15

Te esperé otra vez, Julia. En aquel parque de mala muerte que te encantaba y al que me obligabas a ir un día sí y luego el siguiente. 

Te esperé bien vestido porque hoy era el día, hoy era nuestro día. Y no te creas que fue fácil, mucha gente intentó jodérmelo, ¿o es que crees que me eché el café encima? No, Julia, intentaron dañarme el día, pero no los dejé.

Era la tercera vez que intentaba esto, y te lo había prometido, que hoy era el día. El jodido día que perdí mi libro favorito en el metro, esa copia gastada de El amor en los tiempos del cólera que tenía desde los 14 y que había robado de alguna biblioteca familiar. Lo perdí, Julia, lo perdí. Por suerte siempre ando con dos libros encima, no quería que me vieras de mal humor.

Cuando llegué al parque aún estaba soleado, me quité los zapatos para no ensuciarlos de grama y completar la mancha ya seca de mi camisa, me senté. Saqué mi libro de repuesto e imaginé que era mi favorito, imaginé que la mancha de café ya no estaba, imaginé que llegabas pronto.

Pero decidiste no llegar nunca, Julia.

Y yo decidí nunca irme.

lunes, 2 de junio de 2014

14

Tengo más de un mes sin escribir.

Creo que debería cambiarle el nombre al blog, "Sitio de la internet abierto y usado sólo de vez en cuando para proclamar becerradas y nunca para su función inicial" suena más apropiado.

Lo peor es que siento que este blog, este pequeño espacio de la amplia red mundial, me define más que cualquier otra cosa en la vida. Y me da un mieeeedo la vaina. Si tengo un blog, en el que no escribo, pero soy la jeva que quiere escribir para vivir, pero no escribo, ¿entonces quién coño soy?

Soy la jeva que no se ha bajado música nueva en los 5 meses que van de año. Mentira, me bajé el nuevo álbum de The Black Keys pero jamás me digné a descomprimirlo, así que igual no cuenta.

Soy la jeva que se niega a llegar temprano a cualquier sitio, la que sale de su casa 5 minutos antes de la hora a la que debería haber llegado, soy la jeva que deja a todo el mundo embarcado y también la jeva a la que le sabe a mierda.

Soy la jeva que llega a escribir al blog una vez al mes porque mi fan número 1 (y probablemente el único) me escribe mensualmente para putearme por no estar escribiendo. Mi hermano es lo más.

Soy la jeva que no deja de escribir historias de amor frustrado, de obsesiones ligeras, de Florentino y de los vómitos verdes y me odio un pelo por eso.

Soy la jeva que se inventa historias finas para no afrontar realidades de mierda.

Soy la jeva que no deja de quejarse. Mírenme (y léanme) quejarme ya mismo. Igual esto de venir a quejarme al blog ya es como tradición. Queja, quejándome, quejumbrosa, quejona, quejación, quejestamierda.

Es en Junio cuando el blog cumple cinco años. Que bolas. No sé cómo esto tiene que ver pero me acabo de acordar y me pareció relevante acotarlo.

Soy la jeva que celebra el cumpleaños de su blog depresivo y descuidado.

Feliz cumpleaños, blog.

lunes, 28 de abril de 2014

13

La había visto por años, teníamos clases juntos. Bueno, no juntos pero cerca, en los mismos pasillos, rodeados por la misma gente y en salones que se ven exactamente igual, siempre cerca, siempre sin hablar. 

Por cuatro años no compartimos clases, ni amigos ni nada, conocidos es imposible no compartir pero ellos no cuentan, esa gente etérea que entra y sale sin ser extrañada; creo que una vez me vio viéndola pero más nada. Siempre la veía. Con su ropita de moda que a mí me sabía tan a mierda pero que a ella parecía importarle tanto y que le quedaba tan bien.

Cuatro años vi sus vestiditos de flores y sus chaqueticas de jean, vi sus trenzas, sus zapatos de colores y sus anillos estrambóticos; vi cómo se movía con destreza, como si el viento la llevara, como si no se esforzara en nada de lo que hacía. La vi leer y la imaginé culta, la vi estudiar y la imaginé sabia, la vi reír y la imaginé sociable, siempre cerca, siempre sin hablar. Estaba seguro de que era la mujer para mí. 

Me juré estar enamorado, nos vi empatándonos, casándonos y comprando una casa; aunque yo era un pelabolas y la economía una mierda, la fantasía siempre me ganaba. Tendríamos hijos, todos los que ella quisiera, encantadores mocosos que la hicieran aún más feliz.

Cuatro años y nunca la escuché hablar.

Ojalá esa jeva se hubiera quedado callada, ojalá no hubiera venido a hablar becerradas tan cerca de mí, a destruirme mi amor pulcro y puro. 

Fui Fermina. 

Y diría que ella fue Florentino, pero es mentira, no, yo fui Fermina y Florentino al mismo tiempo. Me mandaron el amor a la mierda sin si quiera intentarlo. 

Pobrecilla, no tiene ni idea de cómo se cayó del pedestal, o de cómo la empujé. No tiene idea del amor que le tenía, ni de mi corazón roto, ni de su personalidad de mierda. No tiene idea de nada, y si se enterara, estoy seguro de que tampoco le afectaría.

Luego veré cuando se encuentre a algún pendejo que la quiera así, vacía pero bonita. Seguro en ese momento la extrañaré de nuevo.

sábado, 19 de abril de 2014

Para Gabo

Tenía doce años cuando lo conocí, Memoria de mis putas tristes estaba en la mesita de noche de mi mamá y lo leí escondida, era esa edad en la que me sentía rebelde sólo por leer un libro que incluyera "puta" en su título; creo que no lo entendí del todo pero lo recuerdo con mucha claridad, hay una mini película en mi cabeza que tardaré mucho más en olvidar.

No volví a él hasta los diecisiete, acababa de graduarme del colegio y encontré un ejemplar viejísimo de Cien años de soledad en un clóset de mi casa, de esos libros con páginas amarillentas, letra a tamaño mínimo y nada de margen en las páginas, en su momento le dediqué un pequeño post, no sería la última vez que el Gabo lograra voltearme el cerebro. Luego vendrían los cuentos, Santiago Nasar y Florentino, siempre Florentino.

Tengo mucho que agradecerle, muchas veces siento que fue quien me entendió cuando ni yo misma me entendía, quien me acompañó fielmente durante mi depresión, quien me dio a Florentino como hombro fiel para llorar. Ojalá tuviera una mínima forma de retribuir todo eso que hizo por mí.

Eso es lo increíble de los grandes escritores, poder tocar de maneras inimaginables corazones de personas que jamás conocerán; cambiar sus vidas y su forma de ver el mundo. Si pudiera pedir un deseo justo en este momento, sería poder llegar a ser una milésima de todo lo que él fue.

El Gabo siempre va a ser una parte enorme de mi vida y será difícil (jo-di-dí-si-mo) no llorar cada vez que lo relea y lo recuerde, pero estoy segura de que la gente así de fina tiene aseguradísimo un lugar cómodo en el cielo.

Gracias por tanto, descansa.

domingo, 16 de marzo de 2014

De volanteos

Ayer salí con un grupo pequeño a volantear. Sólo teníamos 400 volantes así que entre cuatro personas decidimos que estábamos bien; ninguno había participado en una actividad parecida antes, así que no sabíamos muy bien qué esperar. Tenía amigos que me habían advertido que me iban a llamar sifrina-majunche-golpista, me había preparado mentalmente y me había colmado de paciencia, porque esos volantes no regresaban a mi casa.

Las recomendaciones eran no hablar con la gente, sólo entregar los volantes, buenos días, buenas tardes y ya. No sé si fue que tuvimos suerte, si el fin de semana de quincena tenía a la gente de buen humor o que de verdad el venezolano en general es una persona muy fina, esa es la versión que me gusta pensar, y es que en verdad ayer nos fue muy bien.

Nos paramos en toda la salida del metro de Plaza Venezuela que da al Boulevard de Sabana Grande, sonriendo con la línea “hola, buenas tardes” no tuvimos grandes inconvenientes. A alguien que pasaba se le ocurrió comentarme que yo era *insulto que nunca recuerdo*, algo relacionado con EEUU, le sonreí, "señor, mi papá es de Yaritagua y mi mamá de un pueblo del sur del Lago, yo de gringa no tengo ni el nombre". Si hubo algo de hostilidad, en seguida pasó. La gente al principio estaba medio aprehensiva, pero como los volantes decían grande “¿por qué se protesta?” apenas leían y veían nuestra actitud, nos sonreían, lo tomaban y se iban.

No hablé con muchas personas, hubo una señora en particular que estaba sentada con su puestico en la entrada de la estación, me pidió que me arrimara un poco porque le tapaba la visibilidad del negocio y se quedó hablando conmigo, me contó que llevaba años trabajando ahí, siendo buhonera. 

-¿Tú eres clase media? -le respondí que sí.

-Yo también soy clase media, gracias a Chávez y al gobierno.

¿Y qué iba a responder yo ante una afirmación tan cierta como esa?

Es verdad que el gobierno perjudicó a muchísimas personas, que le negó a mi mamá más de un trabajo por estar en la dichosa y ya difunta lista de Tascón, pero es imposible negar que también ayudó a muchos a llegar hasta donde están.

-Yo podría estar haciendo otra cosa, pero a mí me gusta trabajar acá. Trabajo para que mi chamo estudie, para que pueda ir a la universidad y no tenga que estar pasando sol todos los días.

Estuvimos rato hablando con ella, defendió muchas cosas del gobierno pero también criticó; le conté que mucho sureste y mucho todo pero que de este lado también se hacían colas de tres horas para comprar harina pan. Contó que por su casa en San Martín habían intentado trancar una calle pero que la barricada no funcionó y en seguida la quitaron.

-Mira como tienen a esa pobre gente de Altamira, vuelto un rancho la calle, los pobres vecinos ahogándose con los gases.

-Pero es que hay mucha gente loca de los dos lados, que alborota todo. Mire lo que pasó en la Católica, a tanto chamo que ha ayudado la universidad y vienen unos colectivos a soldar la entrada que da a la estación de metro- le digo.

-Eso sí es verdad, no tienen por qué meterse con las universidades. Por eso es que los están metiendo presos, para eso está la Guardia, para controlar.

-Han metido presos a puuuuros estudiantes desarmados, ni una sola arma les han conseguido encima, los han tratado horrible, hay hasta torturados, mientras que los que andan por ahí buscando aprovecharse de la situación siguen libres.

-Ay chama, en estos desastres siempre pagan justos por pecadores- me dijo resignada. Cuánta sabiduría junta.

Mientras hablábamos llegó un señor cojeando, se saludaron con confianza. Se extrañó de verlo así y le preguntó que qué le pasaba.

-Es que andaba en Casarapa y me metieron un tiro.

Lo dijo con tanta naturalidad que todos los que estábamos nos guardamos nuestra cara de sorpresa.

-¿Ves lo que te digo, chama? La inseguridad nos está jodiendo a todos.

-Y sin importar de qué lado estemos- le respondí.

Nos quedamos un rato más con ella. Echó los cuentos de su chamo, de su puesto y de cómo no estaba de acuerdo con todo el show racial que se montaba la gente de vez en cuando. “Yo soy negra y mi chamo catire, ¿qué tiene que ver eso con ser pobre o rico? ¿qué importa eso?”. Hablamos de la UCV, de los vigilantes y de Leopoldo. Decidí que era mejor hablar de las cosas que sí veíamos igual, aquellas que nos unían y no aquellas que nos hacían diferentes; la dejé criticar un rato y ella también escuchó.

Al final nos felicitó. “Yo sí soy chavista, mi amor, pero los felicitó por esto que ustedes están haciendo. Están acá, entregando sus papeles y hablando con la gente. Esto es lo que se necesita: diálogo, debate como el que estamos teniendo nosotros acá ahorita; ejerciendo su derecho pacíficamente, sin meterse con nadie”.
Todo el rato hubo una patrulla de la PNB cerca de nosotros, pero ni nos miraron, me gusta creer que si hubieran intentado algo, la gente nos habría defendido.


Nos prometimos volver pronto a repartir más, a escuchar a más gente y a seguir informando.

lunes, 3 de febrero de 2014

De humanizaciones

Esto probablemente sea lo más intenso que haya escrito (y compartido) en mucho tiempo, así que considérense advertidos y ténganme un pelo de paciencia.

Por alguna razón la muerte de Philip Seymour Hoffman no me ha sido fácil de asimilar. No era mi actor favorito ni seguía cada uno de sus movimientos, pero sí lo respetaba; aún lo respeto y lo admiro muchísimo, creo que fue un tipo increíblemente brillante y que ésta va a ser una gran pérdida para el cine, pero no es de eso de lo que voy a hablar.

En verdad estoy desconcertada. Es cierto, tuvo historia de adicción, superación y una recaída reciente, no vino totalmente de la nada, pero igual, lo que creo que me pasa (y probablemente a muchísima gente) es que no lo veía realmente como una persona. PSH fue un actor arrechísimo pero cuando pensaba en él, como cuando pienso en casi todos los artistas que admiro, no pensaba en alguien real; no creo que esto tenga algún sentido y sé que suena un poco (bastante) ridículo pero es que a pesar de ver el desastre que es que te sigan los paparazzis o las historias de depresión, amor y dolor detrás de muchos artistas, para mí de alguna manera siguen siendo esta gente suprahumana que no se enferma, no duele, no sufre, ni se muere, sólo dejo de verla.

Salir de la vida pública a los ojos de personas que están a miles de kilómetros y sólo conocen pequeños detalles por una pantalla es casi igual a morir, ese es el problema, me he acostumbrado a deshumanizar. Recordé una clase que tuve hace poco en la que hablábamos de cómo la belleza deshumanizaba, cómo impedía ver las características reales, lo más innato del ser y eso creo que es justamente lo que estaba (y aún estoy) haciendo. Todo el talento, todo el éxito, todo el glamour, me hacen olvidar regularmente que esa es gente; gente que come, que duerme, que hace pipí, que se enferma y se resfría, que se deprime y es vulnerable, gente que eventualmente también va a morir.

Eso le hizo la muerte a Philip Seymour Hoffman, lo humanizo y aún no lo entiendo del todo. Todavía lo estoy encontrando complicado de procesar. Que trancado lo cercanos que son el tormento y el talento.

Por mí hubieras podido quedarte siendo un ser superior en la tierra muchísimos años más, pero ni modo. Descansa, papi. 

lunes, 27 de enero de 2014

Pasillo

En el pasillo siempre es de día. Está iluminado como si se hubiera quedado estancada una mañana de agosto a eso de las once y el tiempo no hubiera seguido avanzando desde entonces; aunque llueva, aunque esté nublado o sea de noche, no importa, siempre es de día.

La palabra “ingeniería” en el nombre le sobra, ese pasillo no es de ingeniería. Está al lado, sí, pero no tiene nada que ver con ella, la realidad es que es la ruta de humanidades a arquitectura, y ya; la facultad de ingeniería no tiene ni un poquito de importancia en esta historia, sólo está al lado, observando sin participar. De humanidades a arquitectura y luego de regreso, una y otra vez hasta que las piernas se cansen.

Es pequeño y eterno, todo al mismo tiempo. Lleno de libros, útiles de cartuchera y películas intensas a los lados; es como ir en carro y ver al Ávila por la ventana: aunque no me baje y la camine puedo ser feliz admirándola por la ventana. Libros que no voy a leer, útiles que no voy a usar y películas que no voy a ver pero que me imagino radiante comprando para llenar espacios vacíos.

El pasillo es la esperanza lejana de un encuentro y el consuelo de mi ingenuidad. Quiero dejar de pasearme por ahí, pero lo sigo haciendo.

Mentira, ya no.