jueves, 22 de agosto de 2013

Incomodidades

Estoy en el internista. Consulta de rutina, nada serio. Sala de espera, escucho una voz sin prestar demasiada atención:

-¿Le gustaría realizarse una endoscopia de rutina? Por si acaso...
-Bueno- respondo, sin pensarlo.

¡¿Quién mierda se hace una endoscopia de rutina?! Me regaño mentalmente a los cinco segundos cuando asimilo lo que acaba de pasar, pero ahora no hay vuelta atrás; si existe en el mundo algo más incómodo que mi verborrea carente de sentido o coherencia, lejana a la realidad, es tener que explicarla.

No hay manera de que mi firme -bueno- sea cambiado por otra respuesta, quedaría como una lunática; aún más lunática que cuando acepté con tanta naturalidad un examen por el estilo a cuenta de que es rutinario.

Bueno ni modo, me resigno, una endoscopia de vez en cuando nunca está de más.
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Estoy en el pasillo. Es demasiado temprano. Veo al vacío porque a esta hora soy una inepta social y no me sale del forro hablar con gente que no conozco. En situaciones así me gusta pasar desapercibida, sobre todo con gente que veo todos los días, sobre todo con aquel tipo bañado en sangre de unicornio al que le pongo cara de ponchada todos los días.

En el vacío se asoma la silueta y mi mirada sigue fija, pero mi cara de ponchada aún no se asoma.

La silueta se convierte en forma coherente a una distancia no tan lejana.

Ya no veo al vacío, veo gotear la sangre de unicornio pero esta vez no pongo cara, esta vez sonrío... sonrío como una tarada.

Me devuelven una sonrisa incómoda que se va.

Empiezo a odiarme muy en el fondo, porque nadie en el puto mundo pone semejante cara y porque ya no puedo dessonreír. Ahora seré recordada por siempre como la jeva incómoda que sonríe; no, no, no, que sonríe no, que sonríe como una tarada.
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Estoy en clases. Escucho a alguien hablar a lo lejos mientras planeo la ruta por la que me voy a regresar en hora pico, desde donde se enchufa el sol hasta donde se devuelve el viento. El profesor hace preguntas y yo estoy justo en el medio del salón, confío en que debería poder pasar inadvertida.

-¿Cuántos libros te lees al mes?
-Tres o cuatro- Me escucho responder y me asombro, como si alguien más estuviera hablando.
-Wow, eso es muchísimo.
Mantengo mi cara de seriedad, no puedo delatarme ahora. 

¡De bolas que es muchísimo! ¿De pana hay gente que usa dignamente su tiempo de esa manera? Seguro algún prodigio; en definitiva no soy yo que llevo como dos meses intentando terminar La Náusea, eso sí lo sé.

Lo más complicado son las respuestas incoherentes que hay que mantener por largos períodos de tiempo. Respiro profundamente y hago un firme propósito de cambiar el libro que llevo en el bolso una vez a la semana, por aquello de no levantar sospechas. Ruego al cielo que nadie me pare demasiadas bolas.

viernes, 16 de agosto de 2013

Estoy viendo demasiada tele

Hoy no quiero tener sentido.

No sé si puedo escribirte de día. De día soy más consciente de mis acciones: escucho mi respiración, siento como parpadeo y mi corazón latir, todas requieren un esfuerzo voluntario; dejan de hacerse solas, mi corazón ya no está en automático, mis pulmones se niegan a mandar oxígeno al cuerpo y los ojos se me secan por exceso de exposición. No puedo concentrarme, tengo que hacer demasiadas cosas sucediendo al mismo tiempo.

Por eso nunca te escribía de día, te escribía de noche. Pero mis noches ahora son más complicadas, el verano sólo trajo de vuelta el insomnio, anoche no dormí nada. Literalmente, nada. Y no es uno de esos cuentos chinos donde dices que no dormiste pero en verdad tuviste un pequeño descanso de sueño ligero, no. Podría contarte una por una las series en la programación nocturna de por lo menos tres canales. Desde las 10 de la noche hasta las 10 de la mañana. Y no es que haya dormido antes o después, es que llego a las 10 y vuelvo a salir a las 10. Y bueno, no, no estoy durmiendo.

Tú siempre duermes, así que no sé exactamente por qué te cuento esto. Es absurdo, todo, yo soy absurda; creo que es el no estar haciendo nada, creo que es el estar en una sequía de escritura muy arrecha. La más larga de todas, ya ni la cajita me está funcionando. Pero es por floja, por no sentarme, por escribirte puras mierdas, yo sé.

Creo que tengo miedo, huyo de la posibilidad de escribir. Me da miedo equivocarme, y es absurdísimo. No todo lo que escriba va a ser oro, yo lo sé y siempre he estado clara de que algunas cosas son una mierda y he amado mi mierda también porque de ella he aprendido. Igual tengo metida en la cabeza la pendejada de que quiero que nadie me la critique, yo sé, que yo la hago pública, que si no quiero no la muestro y ya. Pero ajá, no todas las cosas que hace y piensa la gente tienen sentido, a mí me gusta no tener sentido y éstas son las consecuencias.

¿Ves? En eso no somos nada parecidos. En nada somos parecidos. Miles de voces me susurran al oído el sinsentido de esta conversación jamás compartida y jamás leída. Creo que todas nuestras conversaciones son así. Pero te lo agradezco igual, se lo digo a las voces y me dejan en paz un rato.

Saludos desde el subsuelo, diría que estoy acompañando a Dostoyevsky pero eso sería ultra pretencioso y come mierda; hay que tener límites en la vida. Corrijo: saludos desde el hueco eterno en la intercomunal del Hatillo, desde debajo del puente del Guaire y desde la alcantarilla que nunca tuvo tapa en la principal de Las Mercedes. Desde ahí te saludo.

Que te lluevan arcoíris o putas, no sé qué te tripees más.

No sé a quién coño le estoy escribiendo.

jueves, 1 de agosto de 2013

El Gran Gatsby

Algo me pasó con The Great Gatsby que no me había pasado antes.

Tenía años buscando el libro; es de esos que en cualquier librería gringa se conseguiría en tres segundos pero que aquí cuesta una bola y la mitad de otra lograr que aparezca. Finalmente di con un ejemplar chiquitico y tapa dura que llevaba años esperando ser redescubierto en la biblioteca de mi padrino, fui eternamente feliz y lo agregué a mi cola de libros por leer.

El libro lo terminé rapidito y me gustó pero no entendí la fascinación por él. 
Me encantó la historia pero no me atrapó.
Me pareció tristíiisimo pero no me conmovió. 

Me lo terminé hace dos días y finalmente pude ver los trailers de la peli a la que le había estado huyendo; no aguanté y ayer en la noche salí corriendo al cine a verla. Aquí el porqué de mi cuento: Es la primera vez en mi vida que me gusta más la peli que el libro.

Aunque tengo varias teorías:

1.- Como dije, era un librito, doscientas páginas. Le voy a dar una oportunidad a la versión en inglés porque es posible que haya sido culpa de una mala traducción.

2.- La peli es mucho más explícita. Yo soy muy, muy visual; a Daisy la tenía perfectamente imaginada, calculada, entendía a la perfección su personalidad y cómo era posible que se comportara, pero a Gatsby no. De Gatsby tenía un perfil general pero la empatía con el personaje me llegó en las últimas diez páginas del libro (de nuevo, pudo ser la traducción que me leí o el hecho de que todo está narrado por Nick, insistiendo en lo discreto que era Gatsby con sus vainas).

3.- Leonardo Di Caprio es un tipo muy arrecho. Es impresionante lo mucho que ese hombre logró que yo (y probablemente muchas otras personas) conectara con él, lloré dos veces en la peli y ninguna de ellas fue en el final. Fueron momentos en los que realmente sentí que lo entendía, sentí lástima por él, pesar por él y sufrí con él. No recuerdo cuándo fue la última vez que una actuación logró eso en mí.
Si a Leo no le dan un puto Oscar por esta actuación, juro que voy a LA a quemar el Dolby Theater y luego a los infelices de los críticos.

Más allá de todo esto, tanto el libro como la peli son increíbles y los recomiendo ampliamente; nunca he sido gran fan de ver la peli antes de leer el libro, pero en este caso creo que no hay decepción de ninguna manera. 

Gracias Leo, gracias Gatsby.

Punto.

P.D.: Aún me quedó la espinita de ver la versión con Robert Redford a ver que tal, en estos días soluciono eso.
P.D.2: Me sabe un poco (muy) a mierda si se ofenden o vienen a decir que rotten tomatoes le dio 49%. Fuck your standards.