miércoles, 17 de julio de 2013

Andrés

Qué necesidad impresionante de joder, Andrés.

Creo que han pasado unos dos años ya, al menos dos años, fácil. Las cosas han cambiado burda, en serio; bueno, han cambiado dentro de las posibilidades que tenían para cambiar. Aún hay una realidad: nosotros no existimos, pero me he dado cuenta de que creo que es mejor así.

Ahora, haber aceptado eso no quiere decir que soy la persona más cuerda y madura del mundo y que te ignoro si te veo en la multitud, ojalá; pero ya no te busco, ya no pregunto por ti, ya no intento saber todo lo que haces con tu vida, no, ahora te huyo y parece resultar igual de difícil que mi misión anterior. 

Porque ahora te da por aparecer en todas partes, después de años en los que sentía que vivíamos en continentes diferentes y hasta consideraba la posibilidad de que te había inventado; ahora te da por frecuentar los mismos lugares cutres a los que llevo una eternidad yendo, te da por antojarte de mis amigos, de mis costumbres.

Y es difícil no salir corriendo, controlar la ansiedad desesperante, no fumarme veinte cigarros al mismo tiempo, quitar la cara de bolsa y evitar que me veas porque me siento delatada. Porque yo sé que tú sabes (que yo sé que tú sabes); y todos sabemos pero nadie dice nada. Mejor. No hay necesidad de ridiculizar a nadie.

Siempre voy a tener tu cara tatuada en el recuerdo, siempre. Y qué jodido que ha sido borrarme el falso amor de encima, pero ahí voy, aunque tú no quieras colaborar, aunque ahora hayas decidido perseguirme y me veas con esa jodida cara bonita sin saber exactamente qué sucede. Es que soy muy bolsa, siempre lo he sido.

Ojalá de verdad viviéramos en continentes diferentes.

Ya Andrés, ya fue.