miércoles, 22 de mayo de 2013

Un café para Caracas

Caracas es como la amiga desastrosa a la que, a pesar de todo, decido no verle los defectos. Porque ha pasado mucho tiempo, porque la conozco de toda la vida, porque aunque a veces es una mierda, es buena también; y siempre, siempre sabe redimirse después de meter la pata.

Esa amiga que desaparece en la mitad de la noche y vuelve a aparecer rascada, casi al amanecer, para invitar unas arepas tempraneras. Así es Caracas: te mete en una cola horrible, te quita la billetera a mano armada y justo cuando estás por odiarla se lanza una vista del Ávila a las cinco de la tarde, y ya, está listo, la perdonas y la quieres otra vez.

Caracas para mí son los "epa mami" en el metro, los raspados de colita en Chacaíto, los chorritos de la plaza de Los Palos Grandes, los restauranticos escondidos y milagrosos en La Candelaria. Es el "¡jueeeega, marico!" de lo chamos que juegan fútbol todas las tardes en cualquier cancha de la ciudad, es mi vecina evangélica contándome del reguetón cristiano y de como va a salvar mi vida; es el señor Luis, el del kiosko de la esquina, preguntándome si quiero ganar masa muscular con Herbalife, la maravilla que arregló su matrimonio.

Caracas es variedad, es coraje. Son todos los valientes que se pusieron un par de bolas y se vinieron a probar suerte a la capital; y aquellos más valientes que nacieron aquí y decidieron quedarse, a pesar de una tía sesentona que les recordaba por teléfono, Astor en mano, lo peligroso que está todo y como "la masa no está pa bollo, mijo". Y puede que sea verdad, pero aquí seguimos, porque todo desastroso necesita a un amigo con un poco más de cordura que lo guíe de vez en cuando. 

Vente Caracas, vamos a comprarte un café a ver si se te pasa, marica.

domingo, 12 de mayo de 2013

De mi padrino

Hace unas semanas escribí un ensayo sobre "Hablar con un papel" de Barrera Tyszka para la universidad; en él había una anécdota del día que le dijo a su padrino que decidía estudiar Letras que, por alguna razón, me desconfiguró. 

Decir que mi ensayo fue malo y pesimista sería demasiado amable, me defiendo un pelo diciendo que mi ánimo era aún peor que la cagada que había escrito; de hecho, tuve las bolas de concluir diciendo: 
"Lo siento, Alberto, que pena contigo. Te lo prometo que no le digo a nadie que fuiste mi inspiración para esto. Igual tú tenías ventaja, mi padrino no me dijo ninguna frase cómica-inspiradora relacionada con el oficio".

1.- Sí, tuteé a Barrera Tyszka por razones que desconozco. (La más arrecha del McD's).
2.- Técnicamente rompí mi promesa de no decirle a nadie al entregarlo (y la vuelvo a romper ahora).
3.- Metí a mi padrino en un show que era mío.

Alberto no me paró muchas bolas pero a mi padrino no le gustó y mandó al universo a callarme la boca.

Por eso volví, a pedirle perdón. Gracias padrino, gracias por tanto. 
Gracias por estar aún cuando no estás y por guiarme a tu manera. Sé que si hubieras podido, me hubieras dicho todas las frases cómicas e inspiradoras del mundo. 
Te amo y te extraño.

Punto.