martes, 26 de febrero de 2013

12

Era azul, muy azul. Te lo juro.
Siempre dijiste que era verde, te lo creías, pero nunca fue tan azul como ese día.
Azul.
Azul.
Azul.
Verde.
Empezaba en tus plantas y seguía lentamente, recorriendo tus pies, tus piernas. Escalaba lentamente por tu cintura sin demasiado sentido, como las manchas de los psiquiatras.
Interpretativo, decías, como todo acerca de ti. Provocativo.
Azul.
Morado.
Verde.
Me preocupaba por ti, en serio que lo hacía, pero nunca lo entendiste. Siempre estuve seguro de que en un nivel muy subconsciente lo disfrutabas. Eras como una obra de arte.
Así te veía a veces, de lejitos para intentar entenderte. Tampoco lo logré.
Mi musa incomprendida, ignorada por el mundo. ¿Cómo nunca te fuiste? Me gustaría preguntarte tantas cosas y que ignoráramos lo policromático, pero ya es muy tarde.
El carmesí era el que mejor de todos te quedaba, pero era el que más rápido se iba.
El verde era tu favorito, el que tanto ocultabas para vanagloriarte en secreto, aunque en verdad siempre fue azul.
El negro va a ser el último que exhibas, el gran cierre.
Nunca entendí porqué no te fuiste.