domingo, 27 de enero de 2013

10

Creo que teníamos 16, no sé. Era esa edad en la que las 5 de la tarde comenzó a ser mi hora  favorita del día y cambié mis canciones de rebeldía por Jorge.

La luz me hacía hermosa, nos hacía hermosos juntos. No teníamos nada en común, ni siquiera deseo. Éramos dos carajitos tratando de encajar en el mundo, buscando un lugar. Juntos todo tenía un poco más de sentido, tú fuiste mi lugar.

Yo acababa de enamorarme y desenamorarme por primera vez (o al menos eso creía) y tú te diste a la tarea de protegerme, quién sabe qué tan inteligente fue eso. Por un tiempo más nada fue necesario, éramos gallos y felices; luego nos desenamoramos el uno del otro.

A veces (muy de vez en cuando, eh?) te extraño un poco, se me escapan risas contenidas recordando todas las estupideces que hablábamos. Sé que prometimos odiarnos, pero antes de eso fuiste justo la persona que necesitaba.

Tranquilo, no fue nuestra culpa. Eso lo sé ahora. 
Sé que en el fondo algún día te reirás también y dejarás de tomarte todo tan en serio.

martes, 15 de enero de 2013

Rocco

A Rocco no le gusta comer solo, le gusta que lo vea. Así, de lejitos.
Siempre que estamos juntos se sienta en mis pies y busca jugar con mi mano. Rocco es diestro, igual que yo. Intenté enseñarle a dar la pata muchas veces, pero nunca funcionó.
Rocco le tiene miedo a la lavadora, a los carros, al veterinario y a los perros más grandes que él. Le encanta esconderse detrás de mí para protegerse.
Rocco y yo siempre bailamos juntos, a veces hasta hacemos el trencito.
Rocco se emociona cuando ve la correa con la que lo paseo, pero se molesta cuando le reviso las patas para asegurarme de que no tenga garrapatas.
A Rocco le encantan las ramas de los árboles (aunque sean más grandes que él), las flores, las hojas, el agua y su nudito rosado. También le gusta el cereal, pero ese es nuestro secreto.
Rocco me acompaña a escribir, a comer, a ver tele y cuando me siento mal se sienta tranquilito a mi lado. 

No quiero que esta lista se termine nunca.

Cuando llegó era solo un bebé desnutrido y con la cola entre las patas. Tomando un montón de medicinas y odiándome por no dejarlo hacerse pipí en todas partes.
Sigue siendo un bebé, pero ya está grande, fuerte y sin anemia.
No quiero a otro perro. Ya yo tengo a Rocco, el mejor perro del mundo.
Rocco Andrés, cara de pez. El perro patas blancas.

Te amo cielo, te voy a extrañar siempre.