lunes, 12 de noviembre de 2012

Margarita

Llovía. Intentabas recordar cual era la velocidad prudente con el pavimento mojado, pero rápidamente descartaste la idea tildándote de paranoica. Era uno de esos días en los que te provocaban canciones adolescentes. Subiste el volumen mientras intentabas recordar lo que venía de la letra.

*Click*

Te encantaba esta parte, aún te la sabías.

*Luz de cruce por tiempo pertinente, te cambias de canal*

Tomaste aire para empezar a cantar mientras enderezabas el volante, pero nada pasó.

Mierda.

Intentaste aclarar tu mente y definir si no estabas soñando.

*El volante no responde, estás en el medio de la autopista y zigzagueas sin control*

Respiraste hondo.

*Pisas el pedal de las velocidades, sacas la palanca de cuarta y esperas que algo pase. Ves la defensa de frente y de repente no eres tú, todo le está pasando a alguien más. Le bajas el volumen a la radio y prestas atención.*

Chocaste contra la defensa y empezaste a dar vueltas. Pensaste en todos los cuentos de tus amigos de manera fugaz, de cómo te sentías en las tazas locas y cerraste los ojos empezando a prepararte para el coñazo que te ibas a dar. Gritabas.

*El carro se detiene. No te volcaste.*

Consideraste bajarte pero seguía lloviendo. Seguías gritando, a pesar de que en tu mente te sentías increíblemente estúpida por reaccionar de esa manera. Nunca has dejado de juzgarte por no saber reaccionar ante situaciones.

El teléfono suena. Lloras aliviada. 

Mierda. Tranquila, todo está bien.

domingo, 4 de noviembre de 2012

2

Perdón Fer. Nunca me acordaba de tu nombre. Cada vez que intentaba recordarte venías a mi mente como una mezcla entre el pelo de Fran y los cachetes de Andrés; así venías a mí, sin identidad propia, Frandrés.
Frandrés Fer.

Tu cara me confundía, y me costaba un montón reconocerte en la calle. Siempre creía que te dabas cuenta y que me odiabas otro montón por ello.

Me gustaba encontrarte por ahí, el tipo alegre que siempre saludaba. Después de tanto verte empezaste a tener una cara propia. Pobre Fer metamórfico de mi cerebro.

Ahora ya es diferente. No voy a mentirte, no te extraño, pero nunca fuimos tan amigos. Aunque ahora que lo pienso no logro descifrar porqué. Solitario Fer.

A veces pensé que me gustabas un poco, que me recordabas a mí misma y por eso mi subconsciente me obligaba a omitirte. 

Encontraste, finalmente, tu camino. Viajante nómada.
Suerte, Fer.