viernes, 24 de junio de 2011

De cumpleaños -cuasi- olvidados

Todavía me queda media hora.
Juré que no lo olvidaría, pero sí, casi casi sucede.
De esos clicks que me pasan demasiado seguido. Piensas en cualquier cosa y de repente, casi de la nada, recuerdas algo que no tiene absolutamente nada que ver. Justo así recordé que mi blog acaba de cumplir dos años. Que bolas tengo yo.
Dos años.
D-O-S.

-Ok, me distraje-

Podría hablar de mi evolución y crecimiento personal, de cómo ha pasado el tiempo, pero hoy no tengo ganas.

Porque el espacito virtual que decidí abrir una madrugada para decir incoherencias sigue aquí después de dos años, tan bonito como el primer día. Y yo que no tengo demasiada constancia para las cosas, que pensé que eventualmente dejaría abandonado, me siento bien bien orgullosa.

Feliz cumpleaños bebé, lo estamos logrando.

Punto.

jueves, 23 de junio de 2011

De recordatorios

Soy descuidada, no es nada nuevo. Desordenada y olvidadiza hasta más no poder.
Descuido cosas, situaciones y personas.
He olvidado planes, tareas por entregar y cumpleaños a patadas, unos supremamente importantes -El de mi mamá, mi papá y todos mis hermanos-, otros no tanto, pero papelones igual de vergonzosos.

Lo que más me disgusta de todo es descuidar personas, es promesa. Relaciones con personas que no deben ser descuidadas y a quiénes, aunque suene difícil de creer, recuerdo todos los días.

Como hecho mil veces el cuento de cuando Miguel me hizo caminar 40 cuadras bajo la pepa de sol que hace en verano para al final, llegar al estadio y sorprenderme cual niñita.
O de la vez que hice panquecas con Ana en el tostiarepas e hicimos un desastre dándoles la vuelta.
O de como nadie nos cree a Carla y a mi que somos hermanas, hasta que realmente prestan atención y se dan cuenta de que somos iguales.
O de como la foto de monito de Simon es el fondo de pantalla más bello de todas las computadoras del mundo y como todos hacen "AWWW" cuando lo ven.

En serio estas historias han sido contadas unas mil veces. Sé que soy experta en desaparecerme, disculpen.

Prometo que los extraño demasiado.

Se me salió el cursi, vainas que pasan.

Punto.

viernes, 10 de junio de 2011

De asientos

En mi casa hay un sofá. Más que un sofá es como un sillón, una butaca.
Está afuera en la sala, pero es mía y no dejo que nadie se siente.
Además hace poco la retapizaron y exigí que fuera de rojo, mi color favorito (Sí, exigí, porque es mía). La gente suele verse más bonita sobre un fondo rojo.
Mi butaca es un sitio especial, es como el sillón de pensar de alguna serie infantil.
Ha leído libros y sostenido largas conversaciones sin un fin particular por teléfono. Ha llorado, estudiado y dormido. Ha escuchado historias locas y visto travesuras de gente galla. Incluso se ha caído a curdas una que otra vez.
Y por lo general, lo que puede suceder si te sientas, es que amablemente te pida que no seas infeliz y te pares de mi fucking sitio. Porque sillones así no son cedidos si no es necesario.
Mi butaca es el sitio desde donde se puede ver el mundo con demasiada tranquilidad, como un pequeño trono del hogar, imprestable.

Les recomiendo a todos conseguir sus propias butacas.

Punto.