lunes, 13 de diciembre de 2010

De renovaciones

O de esos momentos en los que realmente sientes que necesitas cambiar las cosas, algo así como el feng shui y las energías fluyendo, pero no, es otra cosa. Como que de repente todo parece monótono y necesitas cambios drásticos y radicales, y los necesitas ahora. Yo no sé si esto le pasará a todo el mundo, pero a mi me pasa demasiado.

Necesitar cortarte el cabello dos semanas después del último corte, porque ya te aburriste; o de repente empezar un mural gigante en sharpie porque la impulsividad y la falta de algo productivo que hacer te obligó a cambiar las cosas. Muebles nuevos, pintura nuevo, un sitio nuevo, DIY que no salieron como lo planeado...en fin.

A mi esto solía pasarme en vacaciones, por todo esto de que paso demasiado tiempo sin hacer nada y necesitaba invertirlo en algo, cambiando algo, mejorando algo (aunque no funcione). Pero últimamente es un estado permanente, una negación a la cotidianidad.

Quiero cortarme el cabello otra vez, pintarlo de azul, o rosado o un color del que después me arrepienta.
Quiero ir a China.
Quiero quitar la peinadora de mi cuarto, tener sólo el baúl como mesa de noche, y la caja de Harry Potter para que no se vea tan vacío.
Quiero conocer gente que me haga cuestionar mi vida, o que al menos me haga reír intentándolo.
Quiero intentar algún deporte, aunque mi coordinación y resistencia sean PÉSIMAS.
Quiero que la radio siempre tenga música bonita que no conozco.
Quiero aprender a bailar tango.
Quiero mudarme a un sitio que no conozca y en donde no conozca a nadie.
Quiero ver todas las películas del mundo (menos las de terror porque soy muy gallina).
Quiero pintar mi pared de rojo.
Quiero hablar 5 idiomas.
Quiero montar un araguaney en el medio de la casa, porque los pinos me aburren la existencia.
Quiero vestirme estrafalariamente todos los días, mezclar estampados y rayas, y ver que pasa.
Quiero leer todos los libros que tengo pendientes, y los que no también.
Quiero manejar hasta otra ciudad.
Quiero terminar las cosas que dejé a la mitad.
Quiero que todo cambie siempre y sorprenderme cada vez que cambie.

Porque esa sorpresa y felicidad repentina, siempre vale la pena.

Punto.