sábado, 15 de mayo de 2010

De historias sin sentido

Una de esas vacaciones en Maracaibo cuando tenía como 7, se me ocurrió la brillante idea de vender limonada en el frente de casa de mi abuela; mi prima que solía hacer que olvidara mis ideas locas (como saltar la cerca y meternos en la casa de al lado) esta vez me apoyó, pero me dijo que el nestea le quedaba mejor. En verdad solo era más fácil pero yo le creí, y como dijo le quedaba, eso implicaba OBVIAMENTE que ella iba a prepararlo así que la idea sonaba aún mejor.

Yo hice un cartel bastante mamarracho, lo pegué en la reja y el negocio estuvo listo. No sé ni cuanto vendimos, el hecho es que el asunto duró una tarde y que las ganancias las unimos para comprar chucherías. Al día siguiente ya me estaba inventando cualquier vaina. Después alguien se dio cuenta de lo bueno del negocio y ahora hay carritos de nestea en todas partes; revolucionamos el mercado nesteasero venezolano.
Cada vez que veo esas comiquitas donde venden limonada por 5 centavos y a los carajitos haciéndose millonarios, me acuerdo de la peladera de bolas de ese día.

Revolucionando el mercado nesteasero venezolano

Cualquiervaina


Punto.