lunes, 10 de julio de 2017

40

Estelita se consideraba indispensable. 
Tal vez lo fuiste, tal vez lo eras. 

Tus tiempos siempre fueron cortos. Como un delirio febril, o como la desgarradora premura con la que se advierte a la muerte en los últimos segundos. 
Como el infierno mismo transfigurado en mi presencia. Ese momento en el que mi alma se desvanecía, junto a mi moral y mis buenas costumbres. 

Te llevas todo a tu paso. Sin reparo, sin piedad. 

Yo me quedo sola, inocupada. Usada y vacía. 
Preguntándome si vivir en la ignorancia era realmente tan malo. Si hubiera soportado coexistir con ella toda una vida, sin que nunca me hiciera falta más. 
Las lecciones también son importantes. 

Estuviste sobre mí. Me pisoteaste tantas veces que lo empecé a sentir natural. 
Me hice cómplice por no mantener mi palabra. Pero no más, eso ya cambió. 

Esta vez sí es en serio. Son más que amenazas, lo juro. 
Esta vez me despojé de toda noción que consideraba cierta. Te vi a través de los ojos de terceros y presencié lo que tantos ya habían confirmado. Que fui yo quien no entendió tu naturaleza, tan incompatible con la mía. Que yo no haría milagros, ni merecía esperarlos. Que era hora de darme golpes con otra piedra. 

Por eso te dejo, Estela. Porque el masoquismo y la desesperación no se me ven tan bien, y la poca dignidad que aún tengo no ha de ser compartida. 
No te deseo nada, porque ya desearte no es mi problema.

sábado, 13 de mayo de 2017

XIV/04

Debería empezar siendo honesta contigo. Debería decirte la verdad solo porque así fue siempre.

La verdad es que no tengo ni idea de lo que estoy haciendo. Ni la más mínima. 
Ya tenía así un tiempo, también es cierto, pero este último mes ha sido una pesadilla.
No es tu culpa, yo sé. Te prometí que iba a estar bien. No ahorita, pero eventualmente.

La verdad es que me aterra ese eventualmente. Me aterra la idea de estar bien sin ti.
De aceptar que ya no te voy a ver más.
No sé qué es lo que estoy haciendo porque no entiendo este nuevo universo del que no eres parte.
No entiendo dónde estás ni a dónde te fuiste.
No entiendo por qué las cosas tenían que pasar así, después de todo lo que planeamos.
No sé cómo carajo ser un adulto porque hoy, más que nunca, soy tan solo un recién nacido que busca cobijo. Que grita desesperadamente para que lo mezan en brazos y cese su llanto.
Pero nadie mece. Nadie cobija. Ya no. 
Sigo esperando ilusamente que alguien solucione mi dolor. Que reaparezcas y me digas que todo va a estar bien.
Pero eso ya no va a suceder.
Y no entiendo, te lo juro que no. 
Solo escucho frases cursis y lugares comunes que, como ambas sabemos, nunca ayudaron a nadie.

La verdad es que no soy valiente, ni fuerte, ni un carajo. Pasé un montón de tiempo pretendiendo para que estuvieras tranquila. Pero mentí. Nunca fui nada de eso. Sigo sin serlo.

Entonces ya no sé qué hacer.
No sé qué hacer más que levantarme todas las mañanas y ocuparme de tareas triviales para que el hueco en el pecho no se apodere de mí. Mantener conversaciones superfluas. Pretender buen humor. Llorar en solitud para que nadie quiera intentar consolarme.

Porque me dueles en el alma y aún no me he acostumbrado a que así será por el resto de mis días.
Y aunque sí quisiera sentirme mejor, en este momento el dolor es todo lo que tengo. No sabría vivir sin él. Al menos no por ahora.

Estás tan presente en todas partes que me cuesta creer que éste haya sido realmente el fin.
No estoy lista para dejarte ir, nunca lo estuve. 
Y aunque sí te prometí que iba a estar mejor, éste aún no es el momento.

Perdóname todo. Te amo por siempre.

jueves, 16 de febrero de 2017

XIII

Sigo esperando que alguien me abrace.

Sé que no vas a ser tú, pero igual te busco, constantemente. 

Sigo esperando que alguien pregunte, que alguien preste atención. 
Sigo esperando que alguien me atrape, antes de caer al piso, derrotada.

Y ya no puedo llorar desconsoladamente en tus brazos como hice más de una vez. Ya no puedo pedirte que me consueles y que me digas que todo va a estar bien, porque tú eres la única a quien le creo esas afirmaciones. 

Ya no puedo suplicarte que calmes mi tristeza, que seas mi ancla. 
Tú ya no puedes hacer eso, ya las fuerzas no te dan.

Y desde entonces he buscado, tantas veces, en tantos lugares, pero es en vano. 
Porque nadie jamás ha logrado confortarme tanto, y probablemente nadie lo logre de nuevo. 
Probablemente viva el resto de mi vida con un huequito permanente en el corazón. Uno que nunca logre sanar pero con el que aprenda a vivir.
Porque tú no lo sanaste, tú no sanaste, y yo no supe como sanarlo tampoco. 
Así que así se quedó.

Estoy intentando aceptar eso. Con todas mis fuerzas.
Mi nueva realidad en la que te convertiste en un bebé indefenso que necesita cuidados.
Intento razonar, pero no tiene sentido.
Así que sólo acepto lo que puedo. Aprecio los minutos en los que te provoca hablar, aunque pasen rápido. 
Aprecio la promesa de vernos pronto. Aprecio las memorias que formamos hace tanto, que afortunadamente son suficientes como para que no acaben rápido. Los momentos que pude haber valorado más. Los realities de cocina y los sitcoms que hace tanto nadie ve, nadie más que nosotras. Las fotos que robe de álbumes olvidados para sentirte más cerca.

Lo guardo todo. Aunque no te des cuenta. Aunque ahora yo esté en algún lugar olvidado de tu memoria.


Tú sigues en mí.

jueves, 29 de diciembre de 2016

XII

Yo debería poder manejar esto. Yo sé. Debería ser una experta. Debería poder hacerlo con naturalidad, como quien lleva toda una vida lidiando con el mismo tema y ya no le teme sino que lo domina. Soluciona.

Pero nunca supe. Aún no sé.

Pasé todo el año intentando enfrentarlo en mí misma, lográndolo sólo de vez en cuando. En esos pocos ratos en los que no me oprimía el pecho impidiéndome respirar. En esos pocos ratos en los que sentí algo de paz, aunque fuera efímera y la consciencia no me permitiera ver más allá.

Y ahora te está pasando a ti. Igual. 
Mentira, peor. Mucho peor. 
Y yo tengo que ser fuerte por ambas. Tengo que guiarte. 
Pero estoy fallando. Una y otra vez.

Yo no estaba lista para esto. 
De todas las veces, de todos los infortunios y situaciones inesperadas, ésta me está ganando. El miedo me está ganando. Ese mismo que tienes tú. Sólo que no te lo digo.

Es que te estás alejando de mí. De todo lo que somos. Lento pero seguro, poco a poco, sin darte cuenta. 
Yo sólo quiero que vuelvas y podamos olvidar que esto sucedió. 
Vuelve, anda. Deshaz esto. Esta mierda sobre la que ninguna de las dos tiene control.

Un año debió haber sido suficiente, pero ya van dos. Y no sé de dónde sacar más fuerzas.
Te estoy fallando. Una y otra vez. 

Y sí lo estoy intentando, en serio, te lo prometo. Esta vez parece no ser suficiente.

jueves, 20 de octubre de 2016

38

Ay, Graci, qué ingenuos que fuimos.

Intentando despertar un cuerpo que hace rato se descomponía.

Tomando sus manos, esperando que nuestro calor fuera suficiente para traerlo de vuelta.

Y quedándonos solo con el fétido aroma de aquello que ya todos olvidaron.

Un pequeño castigo para tan poco juicio.

No me tomó mucho darme cuenta
que tu silencio decía más de lo que tu elocuencia jamás lograría.

Que la soledad hace al querer, más que romántico, inevitable.

Que hablaba sólo desde la nostalgia de lo que se extraña de a ratos.

Y que con los años, probablemente eso también se vaya.

No creo que fueras tú, después de todo. Sí, lo fuiste, por un breve, brevísimo, momento. Pero los desencantos fueron mayores que nuestra fortuna, y de malos ratos no vive nadie.

Tú me querías guardado, en tu cajita; la reserva para cuando los otros planes empezaran a fallar. La situación ideal si decidiera adaptarme a ti. Sumiso, maleable.

Y no.

Sé que encontrarás a alguien más para reemplazarme, pero prometo que ya no duele.
Ya no tanto, ya no casi, pronto no nada.

Ya descubrí que mi vida es mejor sin ti, y te deseo la misma suerte.

martes, 9 de agosto de 2016

37

Estaba evitando aceptarlo, sintiéndome mal por mí misma, negando mi nueva realidad. Pero creo que ya es hora.

Ya es hora de que termine de entender que nuestro futuro no era juntos. Y que todo lo que había planeado para los dos ya no va a suceder; toda la gente que íbamos a conocer, todo lo que íbamos a aprender, cómo finalmente iba a conseguir un lugar que sintiera como mío.

Es hora de aceptar que los dos años que pasé intentando que estuviéramos juntos, hay que dejarlos atrás.
De aceptar que probablemente el camino contigo iba a ser mucho más fácil, pero no iba a ser el correcto para mí. O algún otro argumento de mierda igual de jipi.

Tengo que dejarte ir, porque no vamos a estar juntos. Más por ti que por mí, pero definitivamente porque no convenía.
Tengo que empezar a buscar mi camino en otra parte y llevas 3 meses impidiéndomelo.
Llevas 3 meses apareciendo constantemente, recordándome todo lo que me voy a perder, las clases que ya no voy a tomar, los clubs de los que ya no voy a formar parte, las calles por las que ya no voy a caminar. 

Explotando la burbuja de felicidad que me mantuvo cuerda durante todo el año pasado. Porque, después de todo, resulta que el universo no te trata bien después de haberte pisoteado un rato. No es así de trivial.

Porque a lo mejor estaba aspirando demasiado alto. Esperando que una solución milagrosa apareciera del cielo y me pagara la matrícula.
Pero no apareció, Boston. Y la jeva pelabolas ha de aceptar su realidad. 
Aunque se me haya roto un poco el corazón, prometo que ya (eventualmente) no voy a llorar más.

Te voy a dejar ir, igual que tú hiciste hace ya rato conmigo.
Tú y yo no encajábamos, eso lo entiendo ahora. También entiendo que no soy especial un carajo, soy floja. Y si sigo llorando por ti, más nada va a pasar.

Entonces, eso. Quédate con tu poca humedad y con tus nevadas de mierda en invierno, y con tus estudiantes snob a los que odio en secreto sólo porque aún les tengo envidia.
Quédate con tus langostas desabridas y tus parques innecesariamente verdes.

Ahorita no, pero ya pronto dejo de extrañarte.

domingo, 20 de marzo de 2016

V

No puedo respirar.
Tengo semanas sin poder respirar.
Soy un zombie consumido por cosas que hacer.
Todo para probarle a una gente que soy buena en algo en lo que ya no necesito validación.
Yo no, al menos, pero sí todas las instituciones de las que me muero por formar parte.

Porque aunque nunca intenté pelear con el sistema, ni quise estar fuera de él, hoy querer pertenecer se siente particularmente pesado.
Porque no puedo respirar.
Porque no puedo pensar en otra cosa que no sea el resultado incierto y totalmente fuera de mis manos.
Porque llevo semanas durmiendo 4 horas diarias sin haberlo decidido e igual no siendo productiva.
Porque sólo voy apagando incendios sin tener las cosas bajo control.
Porque no tengo espacio. Nunca tengo espacio. Tengo una claustrofobia que se ha vuelto permanente. Y es mental, que no la hace sentir ni un poquito menos verdadera, por el contrario, es esa claustrofobia la que me está asfixiando.

Un mes y diez días más. Es mi nuevo mantra. Me lo voy a tatuar. En la frente. Y así el sistema terminará de rechazarme del todo.

"No, gracias, puta. No te queremos a ti, ni a tus ideas repetitivas y poco creativas, ni a tu tatuaje de mierda. ¿Quién carajo se hace un tatuaje en la frente? Es tu culpa. Buena suerte trabajando de bolsera o DJ de pranes por el resto de tu vida"

Eso es lo que me van a decir.
Mentira, nunca me van a contestar. Pero seguro algo así pensarían.
Llevo dos meses escribiendo ensayos. De porqué valgo la pena, de porqué deberían darme una oportunidad, o darme dinero, o dedicarme 10 minutos de su tiempo.
Llevo dos meses vendiéndome. Escribiendo mierdas cursis que rayan en lo vomitivo para que me den un puesto y dinero. 
Que a gran escala suena fabuloso. Como escribir y que te paguen. 
Pero a pequeña escala es como el elefante al que le enseñaron a bailar y que lo repite para que no le den palazos, o ese jipi de mierda con el pelo sucio que ofrece escribir un poema en Before Sunrise para que le regalen unos cigarros. 
Exactamente igual de denigrante.
Que el resultado valga la pena no lo hace menos frustrante, ni un poquito.

"Yo le he tenido que echar un montón de bolas, en serio"
"Su institución es el sueño más grande de toda mi vida y estaré devastada si no me dejan entrar"
"Soy del tercer mundo. Pobrecita niña tercermundista que no encontraba papel toilet"
"Dejé de estudiar un rato porque mi mamá estaba muy enferma. Pobrecita niña desfavorecida que tuvo que enfrentar la adversidad"

Ya me doy asco.
Y me dan asco ellos.
Y me da asco todo el mundo denigrándose por dinero porque no queda de otra.
Hoy soy una impostora falsamente anarquista que odia al sistema pero que se entrega a él porque no le queda de otra (y porque realmente quiere).
Hoy y los últimos 60 días y los próximos 40 también.

No me quejo tanto, normalmente es bien llevadero, pero hoy me doy asco.